¿Será que existe libertad de prensa? Que ironía, muchas leyes alrededor del mundo dicen proteger este derecho, pero lo cierto es que cada vez se cometen más atropellos contra el grupo de hombres y mujeres que intentan aclarar la nube en la que se esconden las impurezas de la infamia.
Cada día, debemos desayunar, almorzar y cenar con un suculento menú que siempre está al alcance de todos: corrupción y politiquería como entrada, asesinatos y secuestros de plato fuerte, y como postre un infaltable caso de violencia intrafamiliar, o en el mejor de los casos, cualquier otro hecho tan inusual como deplorable que sólo puede tener lugar en esta parte del mundo.
Somos actores y testigos de una comedia singular llamada Colombia. Nadie puede señalar protagonistas ni antagonistas, los buenos y los malos se confunden y nada al parecer es suficiente para descifrar el caos.
En esta escuela del mundo al revés –como bien podría llamarla Galeano- los políticos y veedores del bien común delinquen al por mayor, canjean sin dudar los platos de comida de un pueblo entero por un año más en su puesto. Son ellos los que encabezan las listas de los juicios por estos tiempos; se inventan cada día nuevos modos de corrupción. Son capaces de innovar para infringir, de crear la parapolítica, inventarse referendos y cualquier otro tipo de artimaña que les permita llevar a cabo sus “desinteresados” fines.
Y qué decir de nuestros hermanos de las FARC, ¡cuánto amor y respeto no deben inspirar por su inefable deseo de justicia! Se vanaglorian de su ardua lucha, y por su obviamente justificable anhelo de hacer ver quienes somos, nos han situado en el puesto uno del ranking mundial del narcotráfico, al igual que ostentamos el título del país con mayor número de minas antipersonas. Qué envidiable legado. Parece que tenemos mucho que agradecerles.
Pero lo peor no es eso, sino la actitud de las personas ante ello, la apatía que reina entre aquellos que han decidido limitarse a los lamentos y pesares. Los que remplazan el olvido por la ignorancia. Los límites geográficos indican que habitamos un país, pero, desoladoramente, no es así.
Colombia podría dividirse en dos naciones: aquellos que han vivido el azote de la violencia, los marginados, los desplazados y secuestrados, los niños y niñas violados, sus familias, los que han vivido en carne propia la sangre derramada a causa de la violencia. Y la otra parte, que parece ser la mayoría: los que viven al margen de esto, los que dicen conmoverse con cada desgracia que ocurre y deciden vivir como si nada hubiera pasado, los que olvidan, los que prefieren escapar de la realidad, los cobardes que sólo pueden estar atados al mundo por el egoísta deseo de comodidad.
Hacen parte de este selecto grupo personas del común, los que nadie señala con el dedo, pero los que tampoco apuntan el suyo a aquellos directamente responsables.
Somos tú y yo cuando decidimos callar, cuando nos conformamos con unas lágrimas luego de ver la nefasta amalgama de noticias que nos ofrecen los medios de comunicación, cuando nos abstenemos de marchar, votar, hablar…reclamar.
Porque sólo aquí el plomo puede llegar a flotar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos…
Última actualización el Viernes, 20 de Noviembre de 2009 15:08
Lo bonito de la universidad es la posibilidad de encontrar personas distintas y, por ende, puntos de vista distintos que alimentan el debate y desarrollan academia. En una de tantas clases, a raíz del malestar de los presidentes de Suramérica con la llegada de personal militar estadounidense a bases colombianas y la declaración del Ministro de defensa Gabriel Silva sobre la inoculación de ideas chavistas en Colombia, se planteaba la posibilidad de que el presidente de Venezuela tuviera algún tipo de injerencia en la política nacional y que sus ideas socialistas estuvieran siendo transmitidas al pueblo colombiano.
Por: Guillermo Mejía Mendoza Sociólogo. Universidad Autónoma del Caribe.
El sábado 4 de julio, por Emisoras ABC, Vera Judith Díazgranados y Rodney Molina, sorprendidos ante la farnofelia que representaría el sepelio de Michael Jackson, preguntaron a sus oyentes, si estaban de acuerdo con ello. “Ataúd cubierto en oro, forro de terciopelo azul, 25 mil dólares el costo”, repetían. La mayoría de quienes llamaron estuvo de acuerdo y argumentaron que: era “el rey del pop”, “fue el mejor”, “los negros están de moda en los Estados Unidos”, entre otras alusiones justificatorias. Mis estimados Vera y Rodney, parafraseo aquí a Walter Benjamín, filósofo y escritor alemán, para afirmar que, a la sociedad de consumo le es más cercano el exhibicionismo que la compenetración espiritual que implica el rito. Y aunque parezca rito ese sepelio fue una exhibición. Allí se reproduce para el consumo masivo la condición de “estrella del pop”, “del artista que cambió de color”, del “ser incomprendido”, en fin un mito de la cultura de masas. Él en si mismo, el pop musical. Se debe a Jackson la reivindicación afro en los Estados Unidos de América, y vendrán nuevos calificativos para este eximio de las cabriolas escénicas.
Última actualización el Viernes, 24 de Julio de 2009 18:41
Son tiempos difíciles para la identidad cultural de los pueblos. Palabras como globalización y cultura de masas hacen parte ya de nuestro lenguaje común y se manifiestan en cada pequeño espacio de nuestras vidas. Si hace algunos años el inmenso poder de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías nos asombraba de sobremanera por sus infinitas posibilidades; en estos momentos es imposible no sentirse abrumado por su forzosa presencia en cada situación que vivimos. Palabras como privacidad, individualidad y originalidad no son mas que un vago recuerdo de un pasado que aun no había sido invadido por los bombardeos constantes de las imágenes publicitarias, y las rutilantes estrellas del firmamento hollywoodense.
Última actualización el Jueves, 11 de Junio de 2009 15:43