Derecho, derecho hasta la 84

Jueves, 29 Agosto 2019 09:05
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Transporte público en Barranquilla Transporte público en Barranquilla Archivo particular

En las altas horas de la noche la ciudad de Barranquilla cambia su entorno. El fervor que la caracteriza se apacigua al igual que su imponente calor. Todo sigue, como en muchas partes empiezan fiestas mientras que algunos duermen, pero sin excepción el ejercicio del rebusque se sigue empleando. Frente a la jornada nocturna el transporte público termina su circulación. 

En ocasiones no se encuentra un transporte formal que movilice a las personas hasta sus viviendas, normalmente tras terminar sus horarios laborales. Estos se prolongan y tomar un taxi no es una opción rentable para estas personas, que por lo general viven como se dice coloquialmente ‘de polo a polo’ en el sur de Barranquilla y su área metropolitana. Por ello, aparecen los ‘Murillo Derecho’, como se conocen a las busetas que prestan un servicio de transporte informal, que le resuelve a los ciudadanos y les permite llegar a sus destinos. No solo son utilizados por trabajadores, a su vez centenares de personas cuya labor finaliza a altas horas de la noche.

Los conductores que se emplean en estos buses comienzan la labor desde las diez de la noche y finalizan a la una de la madrugada en días ordinarios, en fines de semana, las labores se extienden hasta las cuatro de la madrugada. Algunos se encuentran estacionados en la esquina de la calle 84 con carrera 46 faltando cinco minutos para empezar su trayecto. Justo allí inicia el recorrido. Aquí entra el papel del copiloto, y es cuando anuncia que el bus comenzará a hacer el recorrido.

El copiloto representa una gran responsabilidad. Desempeña los cargos de administrar el dinero, velar por la seguridad de los pasajes y atraer a posibles pasajeros de una forma propiamente de la costa.

“Murillo derecho, Murillo derecho Pilas, que se va”, grita el colaborador, cuyo cuerpo permanece suspendido justo en la entrada de las busetas, con el fin de que su voz tenga un mayor alcance a unas cuantas personas que merodean este sector del norte o a su vez el sector del sur.

Comienza el recorrido, en una ciudad que en las noches se ve hostil, a bordo pasajero de todo tipo de clases, desde caras que no dan de fiarse, hasta rostros amables y colaboradores. Es así como el ‘Murillo derecho’ sigue su ruta bajando hacia el sur de la ciudad, con un gran fluido de pasajeros que se suben y bajan dependiendo al lugar de su destino.

Hay quienes ven este método de transporte como eso, un simple método de transporte. Hay algunos que lo ven como una aventura, otros como una forma muy accesible de ponerse en peligro. Desde malas experiencias, sustos y demás, parte de la comunidad Barranquillera se refiere a los Murillo Derecho sutilmente como aquel transporte donde te puede pasar cualquier tipo de cosa. Si bien sacar conclusiones por aspectos de pasajeros que, aunque con aspecto de ser asesinos en serie, anécdotas de atracos o violencia han redactado la reputación de estos, convirtiéndose en algo difícil de cambiar.

También se le pueden aludir tales suposiciones a la hora en la que normalmente salen a circulación. Nunca falta la persona desconfiada que se sienta en la primera banca del bus para estar bajo la vigía del conductor, o quien se guarda sus pertenencias donde no sean visible al ojo de cualquiera con malas mañas. Si bien está el dicho, es mejor prevenir que lamentar.

Gracias a los tantos años acelerando por Barranquilla de Sur a Norte y de Norte a Sur, han logrado transcender a tal punto de convertirse en un símbolo de peso que representa a la ciudad. Tal es su significado que se pueden comparar con comerse un raspado para calmar el calor, jugar dominó o colocar piedras para tener un marco de fútbol, costumbres y prácticas que desde tiempos inmemoriales se llevan a cabo en La Puerta De Oro, y que a su vez componen junto con otras actividades la cultura característica de La Arenosa.

‘Los Murillo Derecho’ son el transporte de rumberos, trabajadores y centenares de personas que permiten que siga su ruta diariamente y se convierta en un buen modo de remuneración para quienes se sustentan de tal trabajo.

El costo del pasaje para ingresar al colectivo bastaba de mil pesos. Llegar rápido a su destino costaba la mitad de lo que se suele pagar en el transporte público estando en horarios diurnos, lo que terminaba siendo extremadamente barato. El precio cambió en el 2018, ahora su valor es de dos mil pesos el mismo costo que manejan la mayoría de las rutas de la ciudad. Si no tienes los dos mil exactos el copiloto de una manera no tan sutil te brinda dos opciones, o te bajas y te devuelven el dinero, o completas el pasaje y sigues tu rumbo.

Otra de las cosas que suelen decir quienes dirigen la orquesta del bus es: colabórenme siguiendo al fondo que hay espacio. Los pasajeros suelen tomar tal orden como burla debido a que siempre que lo dicen no hay más espacio. Obtienen luego una respuesta que resulta graciosa y la que casi en coro se menciona: claro… nos vamos pal segundo piso.

Frente a la inseguridad que azota a la ciudad y el exponerse en lo que debería ser un viaje tranquilo, este medio de transporte resulta eficaz y aporta en muchos aspectos a la ciudad. Sin duda alguna, los ‘Murillo Derecho’ sacan de apuros a muchas personas, tanto es así que estos buses de servicio público son de lo más conocido en Barranquilla.

Por David García, Brandon Esparragoza

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