Chambacú, identidad en cenizas

Lunes, 18 Marzo 2019 21:21
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Puente de Chambacú en 1968 Puente de Chambacú en 1968

 

A raíz de la magnífica obra Chambacú corral de negros, del maestro Manuel Zapata Olivella, donde dotó al imaginario colectivo de un contenido histórico y de una riqueza étnica acerca del desaparecido pueblo, esta comunidad empezó a servir de inspiración para crear arte con su historia, surgiendo canciones referentes al sitio, como por ejemplo, “Cumbia Chambacú”, la canción más célebre y popular que ha sido interpretada en varias versiones hasta el momento. Y también la reconocida pieza, “Tambores de Chambacú” del reconocido Lucho Bermúdez.

 

Al igual que poemas y escritos, como “Chambacú y El Espinal” del poeta cartagenero Jorge Artel, en donde se hace alusión a estos barrios populares de Cartagena.

Además, pocos saben que varias celebridades colombianas, nacieron o vivieron en este barrio. Los boxeadores Antonio Cervantes "Kid Pambele", Rodrigo Valdez y Bernardo Caraballo, cantantes como Petrona Martínez, Etelvina Maldonado, Lucho Bermúdez y Estefanía Caicedo.

Sin embargo, a pesar de la gran riqueza étnica-cultural que existía en Chambacú, su pobreza y delincuencia preocupaban a la élite cartagenera, lo cual terminó siendo un obstáculo para ellos cuando Cartagena en los años 50 se postulaba como una ciudad turística.

Chambacú pasó a ser una mancha negra, una piedra en el zapato, ya que al estar tan cerca del atractivo turístico de Cartagena, la Ciudad Amurallada, su deplorable estado afectaba la imagen del sector, fue entonces cuando se dieron a conocer las intenciones de erradicar el barrio y trasladar a sus pobladores.

Ante este panorama de discriminación, los chambaculeros se vieron obligados a oponer resistencia en la lucha por su identidad, lo cual se vio reflejado en canciones como "Chambacú", de Antonio María Peñaloza, interpretada por Totó la Momposina, que deja en claro en muchos de sus versos la resistencia a ser movidos de su tierra.

La resistencia es representada en la novela de Manuel Zapata desde el principio y sobre todo es encarnada por Máximo: “Desde hace cuatrocientos años se nos ha prohibido decir “esto es mío.” Nos expresamos en un idioma ajeno. Nuestros sentimientos no encuentran todavía las palabras exactas para afirmarse. Cuando me oyes hablar de revolución me refiero a algo más que romper ataduras. Reclamo el derecho simple de ser lo que somos”, expresa en un fragmento del libro.

Pero nunca en la realidad se logró algo significativo.

En el barrio Chambacú se vivieron épocas de terror, un proyecto de interés político, aplicado para el nombrado “punto negro” de la ciudad.

Conociendo la situación turística de Cartagena, el presidente del BID, Alberto Moreno, y sus socios, se vieron interesados en comprar la zona infravalorada de la ciudad. Estos querían hacer de este territorio un plan de vivienda, pero el Municipio se opuso, ya que este tenía un plan para realizar el parque San Felipe de Barajas, que estaría ubicado al lado del castillo.

Muchas personas fueron engañadas por la politiquería de ese momento. estos les proponían una nueva reubicación, en vez de mejorar las condiciones de su territorio a muchos los sacaron por la fuerza pese a que les proponían una reubicación.

La élite de Cartagena quería sacarlos a como diese lugar, todo por creerse la magnificencia de la ciudad, “Todos los grandes políticos y personas con prestigio de la ciudad querían deshacerse de un pueblo que no hacía más nada que vivir”, así menciona Ana Carolina Mercado, profesora de artes dramático en Bellas Artes.

Personas humildes, con trabajos honrados, eran los habitantes de Chambacú, familias numerosas, en condiciones paupérrimas, y aun así nada de esto fue un buen argumento para aquellas personas que solo deseaban un bien propio.

Siendo una tierra tan importante, no solo para los habitantes, sino también por el ámbito cultural.

Alberto Moreno contrató a varias personas para que lo ayudaran en este proceso, haciéndose así dueño de una mitad de las tierras, utilizando una parte de estas para infraestructura, y otra para un parque.

Los habitantes del pueblo fueron reubicados por medio de un plan de gobierno, a otras comunidades que se encontraban en un radio de entre cinco a diez kilómetros del barrio, sin embargo, a pesar de que el proyecto proponía una reinserción social, más tarde fue revelado un estudio, en el cual se dio a conocer que su situación no había cambiado mucho.

Las nuevas comunidades donde se encontraban los chambaculeros, eran casi igual de pobres y marginadas que el mismo Chambacú, por lo cual la tasa de analfabetismo y de desempleo seguía siendo elevada.

Sumándole a esto la imagen discriminatoria que difundían los medios de comunicación sobre los chambaculeros, quienes eran vistos como delincuentes, causaron una ruptura social con las nuevas comunidades receptoras.

A este gran caso de corrupción y discriminación en Colombia, se le conoce como “El Escándalo de Chambacú”.

El inicio de una civilización

Luego de romper sus cadenas, en medio del marco de la abolición de la esclavitud en 1852, muchos afrodescendientes se desplazaron por todo el territorio colombiano, en busca de trabajo y un lugar para establecerse y hacer uso de su nueva y merecida libertad.

Cartagena, fue uno de los principales puntos de entrada, para la mayoría de la población afro, debido a su privilegiada posición en la costa del mar Caribe.

De esta manera, entre extensos caños y húmedos manglares, los chambaculeros, que eran negros sucesores de los esclavos africanos liberados, encontraron su humilde hogar a las afueras de la colosal y magnifica Ciudad Amurallada, quienes sumidos en la pobreza se valieron de basura, cascaras de arroz, que eran provenientes de una arrocera cercana, y todo tipo de materiales sólidos, para construir lo que serían sus inhóspitas viviendas.

Sin embargo, aunque muchas personas criticaban y señalaban a este sector de la ciudad por sus condiciones educativas y por tener supuestamente habitantes “flojos”, estos desconocen el verdadero significado de la palabra Chambacú, así como nos explica el historiador especializado en culturas étnicas colombianas, Wilton Mendoza, de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, “Chambacú es sinónimo de trabajo. Las personas que pertenecían a este pueblo eran reconocidas por levantarse e iniciar sus jornadas laborales desde muy temprano. Por eso en la actualidad decimos chamba a trabajo, todo viene de Chambacú”

Poco a poco, el barrio se fue expandiendo, conformándose como el tugurio más grande del país, que, debido a la incapacidad económica de sus habitantes, y a la inexistente acción del gobierno, no contaban con los servicios públicos básicos, es decir, nada de agua potable, energía eléctrica, ni mucho menos viabilidad sanitaria.

Del mismo modo, carecían de escuelas, centros comunitarios, y establecimientos de salud, por lo cual, el analfabetismo, y la proliferación de enfermedades eran su deplorable realidad.

Debido a la falta de educación, los Chambaculeros se empleaban en oficios informales, tales como el comercio ambulante, la albañilería, la pesca, y cada quien buscaba la forma de salir adelante, así como lo afirma, Alfredo Valbuena, ex habitante del barrio Chambacú, “Salía desde temprano al mercado con mi papá, mientras que en casa mi mamá lavaba y cocía ropa. Siempre que caminábamos saludábamos a todos los vecinos que a esas mismas horas salían a buscar un bocado para su familia”.

A pesar de los ingresos que difícilmente conseguían los chambaculeros, estos eran igual de insuficientes para mejorar sus condiciones de vida, ya que la extrema pobreza, y el hacinamiento era un patrón generalizado en la mayor parte de la comunidad.

Entre los rasgos culturales más representativos de Chambacú se encontraba la música, que mezclaba ritmos antillanos, cubanos y africanos, que resultaban en una amalgama de sonidos tradicionales muy seductores al oído.

Así mismo Chambacú tenía una riqueza gastronómica inigualable, gracias a sus raíces afro, las negras siempre han sido apetecidas por su exquisita sazón a la hora de cocinar, por ejemplo, los pasteles, los enyucados, las cocadas y demás platos típicos de origen africano, que fueron acogidos por las nuevas etnias en Colombia.

Así su cultura gastronómica, ha permanecido por un amplio lapso en las diferentes regiones de Colombia.

La exaltada mirada de un escritor hacia la pobre Chambacú

En el contexto de la violencia de este país, alrededor de los años cincuenta y sesenta, una de las pocas personas que dirigió su mirada hacia la población extremamente marginada de Chambacú, fue Manuel Zapata Olivella, escritor colombiano, antropólogo, médico, investigador, científico social y el primer autor en exaltar la identidad negra colombiana en sus obras.

Trataba los temas de la opresión y la violencia que vivían los habitantes del Caribe colombiano, en especial los negros e indígenas, con un carácter realista y de denuncia social, así fue como guiado por sus raíces afro y por su espíritu explorador, decidió investigar sobre la realidad de Chambacú, transformando sus conocimientos en la magistral obra que hoy conocemos como, “Chambacú, corral de negros”.

En esta novela, Manuel Zapata presenta los conflictos que afligen a la comunidad de afrodescendientes situados en Chambacú, desde una perspectiva que se acerca al realismo social, incluyendo la temática racial y la conciencia cultural como elementos fundamentales.

Todo este conflicto logró representarlo a través de sus emblemáticos personajes, como por ejemplo Máximo, héroe de la novela que lucha por la igualdad de los derechos, José Raquel, personaje denigrado que niega su condición e identidad de afrodescendiente, la Cotena, matriarca de la historia apegada a Chambacú, e Inge, la extranjera blanca, civilizada, europea que se vuelve una chambaculera activa en la lucha por los derechos de Chambacú. “El rostro negro de Cartagena, su grandeza y su gloria descansan sobre los huesos de nuestros antepasados”, frase dicha por Máximo en el escrito de Zapata Olivella.

Sin embargo, la obra se destaca entre muchas del momento porque continúa una tradición de los escritores afrocolombianos, en que el protagonista negro identifica su “Yo” como afro, se enorgullece de su identidad, conoce su procedencia y está consciente de su posición en la sociedad dominante.

Así fue como Manuel Zapata Olivella, entre otros conflictos de la comunidad, plasmó la incidencia del fenómeno de la Guerra de Corea en Chambacú, contaba como las fuerzas militares en ese entonces, reclutaban forzadamente a los hombres del barrio, para ser enviados con el ejército estadounidense a la Guerra de Corea, que, juntados con otros negros provenientes de todo el país, conformaron el “Batallón Colombia”.

“- ¡No se lo llevarán! Me costó mucho dolor parirlo ¿Por qué quieren que vaya a matar gente que no conoce ni le ha hecho daño? ¿No tienen bastante con los que asesinan aquí? Máximo, hijo mío, déjate matar. ¡Prefiero verte muerto que convertido en asesino!”, cita del libro Chambacú Corral de Negros, que pertenece a un diálogo entre la Cotena y un militar…

Pero, a pesar de que Manuel había hecho tales descripciones en su obra, no hay evidencias o pruebas científicas que demuestren que esto ocurrió así tal cual, por lo tanto, se asumió que el caso de los chambaculeros reclutados fue más ficción que realidad, y que ahora, es solo un rumor que va de boca en boca buscándose confirmar.

 

 La lúgubre actualidad

Edificio inteligente situado en lo que antes era chambacú

Actualmente en el territorio de lo que antes era Chambacú, ahora existe un inepto “edificio inteligente”, vacío y abandonado, con ventanas rotas y una fachada pálida, que pide a gritos una mano de ayuda, en medio de un terreno desolado y caliente, que parece un peladero de basura.

Lo único bueno que quedó en ese terreno árido y caliente, es una reserva natural llena de manglares, llamada “Parque Espíritu del Manglar”, con estatuas de personas importantes para la ciudad de Cartagena, con una abundante vegetación, un mágico lago y amplios espacios acondicionados para la recreación familiar.

Resulta indignante y paradójico, es que entre esas estatuas no se encuentra la imagen del maestro Manuel Zapata Olivella, quien había sido uno de los primeros en tomar la iniciativa para realizar este parque y como dato menor, es el hombre que dio a conocer la realidad del corral de negros que fue Chambacú.

Sin embargo, a pesar del desalojo y de las devastadoras consecuencias de todo lo que vivieron las personas de Chambacú, su cultura no murió, sus raíces siguen vivas en donde quiera que pisen los chambaculeros, su voz jamás se apagará, así como lo hizo saber, Juan Gutiérrez Magallanes, importante escritor del magisterio oficial de Bolivar, ex habitante de Chambacú y autor del libro “Chambacú a la tiña, puño y patá”, “Realmente es importante saber de dónde venimos, donde crecimos, donde reíamos, todo esto queda en nuestra mente y corazón. Los que vivimos ahí jamás olvidaremos aquella ciénaga llena de vida, o aquella mujer llamada Juana que cocía los zapatos de todos en el barrio. No podremos olvidar el pescado que cazaba papá y que cocinaba mamá. Chambacú para la élite pudo ser un desperdicio, pero para los que estábamos ahí significó el comienzo de muchos sueños y significa la sonrisa de un recuerdo”.

 

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