Por Dayana Villalobos Dimare

Detrás de la reja que separaba la sala de la terraza estaba Patricia Isabel Acosta Solano, la mujer que acompañó conyugalmente a Diomedes Díaz por casi tres décadas. Entre las líneas de hierro y vistiendo un conjunto negro de tela alicrada, ella hablaba con los visitantes que se acercaban a preguntarle cuánto costaba la entrada del museo y restaurante en el que se había convertido la casa donde ella siempre vivió y donde el Cacique de La Junta la enamoró. No más $5.000 pesos colombianos bastaban para entrar a aquel lugar y conocer una historia contada a través de retratos.

Publicado en Crónicas y reportajes

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