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Victoria del Junior: la delgada brecha entre el sufrimiento y la gloria

Jueves, 13 Junio 2019 00:24
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Victoria del Junior: la delgada brecha entre el sufrimiento y la gloria Foto: @JuniorClubSA en Twitter.

Por Dayana Villalobos Dimare


Minuto 81. El sincelejano Ray Vanegas había anotado el primer gol del partido de vuelta de la final de la Liga Águila I-2019, empatando la serie que el Junior de Barranquilla había abierto en ‘La Arenosa’ el pasado 8 de junio. La decepción corría por las venas de los hinchas que, en el barrio La Manga, al suroccidente de la ciudad barranquillera, inundaban la terraza de una casa blanca con palabras llenas de ira:


― ¡El Junior no sirve! ―expresó alterado Jairo Guette, un aficionado de 62 años, quien toda su vida ha practicado fútbol― Jugar bien toda la noche para cometer ese error tan bobo.


En el partido, el guardameta Sebastián Viera había dado un pase a un Gabriel Fuentes que no halló manera de manejar la pelota y que dejó que el delantero del Deportivo Pasto, Ray Vanegas, se robara el balón con el que marcaría el primer gol del juego, gol que Viera, aunque adivinó la dirección del tiro, no pudo atajar.


Se produjo un gran silencio en la terraza de los Guette, una familia de once hermanos y cuyos padres ya no estaban presentes. Nadie hablaba, nadie hacía ningún ruido, nadie se movía: el Junior de Barranquilla los había dejado atónitos nuevamente.


Mientras tanto Juan José, un niño de 12 años a quien le reservo el apellido, empezó a llorar fuertemente. Estaba decepcionado, triste. Su equipo del alma, a quien comenzó a amar por herencia paterna, le había quitado por un momento la ilusión de verlo campeón en víspera de vacaciones.


― Tranquilo, Juanjo. Disfruta del partido. Aún no se ha acabado ― le dije al casi preadolescente tratando de calmarlo, pero él ignoró mis palabras; solo pensaba en su Junior regalando la copa.

Después de varios minutos de llanto, el niño no aguantó más. Se puso en pie y se adentró a la casa. Yo pensé que no lo vería más, que se iba a quedar en el cuarto encerrado y mojando las almohadas con sus lágrimas; pero luego volvió, con su cara medio hinchada y con una nueva ilusión. Había nacido un nuevo hincha en Barranquilla.

― ¡Nada está dicho, gente! ― gritó animadamente Alfredo Eljach, un conocido de los Guette― El partido no ha finalizado. Vamos a ser campeones.

Los hinchas no sabían si creer en aquello. No podían entender cómo un Junior, que venía jugando tan bien, había puesto en duda su triunfo cometiendo semejante error que unos le atribuían a Viera por no patear al centro del campo y otros a Fuentes por volverse un ocho con la pelota.

Freddy Guette, hermano de Jairo Guette e hincha fiel del ‘JuJu’, estaba embargado en un eterno silencio. Sentado y con la boca muda, miraba hacia el piso y cerraba sus manos. No reaccionaba, no hacía prácticamente nada. Resignado, parecía que estuviese procesando el empate de su equipo. ¿Habían perdido las esperanzas?

 

Últimos minutos
El tiempo regular del partido estaba llegando a su fin. Ya no había nada que hacer, solo esperar los penales donde el Junior de Barranquilla, en palabras de los hinchas, han realizado un buen trabajo a lo largo de su historia desde que fue fundado el 7 de agosto de 1924.

El cuadro costeño, que contaba ahora con un Michael Rangel en reemplazo de Teófilo Gutiérrez, se mantenía firme, defendiendo y aguantando, hasta el final. Y sin completarse con exactitud los tres minutos de adición del segundo tiempo, el árbitro Carlos Betancur extendió hacia al frente sus dos brazos e hizo sonar su pito. Comenzaban los penales.

 

Penales
Los hinchas del barrio La Manga se estaban preparando para lo que venía. Unos se quedaron sentados en sus sillas ―había unas 20 en la terraza― y otros comenzaron a caminar dentro de la terraza y la casa. Necesitaban oxigenar su mente después de haber durado más de 90 minutos viendo a 22 hombres pateando una pelota dentro de una cancha de 45 m x 90 m.

Juan José se sentó frente a la especie de telón blanco donde se proyectaba el partido con ayuda de un video beam. Alzó los brazos levemente, inclinó su cabeza y empezó a mover un poco las manos. Estaba,inconscientemente, imitando a su padre cuando oraba. Y es que así como Juan José seguía a su progenitor en el fútbol, así también lo seguía en la religión.

El delegado para cobrar el primer penal del cuadro barranquillero fue Luis Narváez. “¡Qué definición!”, dijo Marlon Mora, un amigo de la familia, cuando ‘El Carramplón’, como también llaman al mediocampista, pegó la pelota en la malla.

El segundo encargado fue Rangel. ¿Tiro? Efectivo. Venía Rafael Pérez, el tercero. ¿Tiro? Efectivo y la cuenta ya iba 3-3. Ninguno de los dos equipos había desaprovechado su oportunidad frente al marco.

Al punto penal llegó James Sánchez, el colombiano nacionalizado en Panamá que ahora tenía en sus manos el cuarto punto de su equipo. ¿Tiro? Efectivo y la responsabilidad era ahora de Viera, el arquero eterno del Junior. ¿Tiro? Efectivo.

El Junior había marcado los cinco goles de la tanda y solo quedaba esperar qué pasaba con Ray Vanegas, el quinto nariñense en cobrar el penal. Vanegas se puso en el punto penal y miró fijamente a Viera y su hinchada. Se puso el dedo índice sobre sus labios, haciendo la señal de hacer silencio e instantes después pateó la pelota. El tiro salió desviado y el Junior de Barranquilla se consagró en el indiscutible campeón de la Liga Águila.

Los hinchas de La Manga se pusieron en pie sin titubear. Gritaban, saltaban, reían, hacían ruido con las bocinas, se abrazaban entre ellos y hasta lloraban. Era una fiesta, una locura y ellos lo sabían, sabían que el Junior de sus amores les había traído la victoria y ganado la novena estrella. El error del minuto 81 había quedado atrás.

― ¿Por qué sigues siendo hincha del Junior si te pone a sufrir tanto? ― pregunté a Sharay Guette, a quien minutos atrás la había visto con los ojos llorosos luego de ver a su equipo amado campeón otra vez.

― Yo sigo siendo hincha porque el Junior es como un hijo: a pesar de que, en ocasiones, te haga coger rabia, te haga sufrir y te entristezca, tú siempre vas a estar ahí para él.

Y así finalizó la noche del miércoles 12 de junio de 2019: en gloria para los barranquilleros y en desilusión para un Ray Vanegas que le abrió las puertas a su equipo para palpar su segunda estrella y que al mismo tiempo se las cerró con su cobro desviado.

 

 

 

 

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