“El espacio es el último festival del asombro”: Euclides Camargo y la ética de volver a la Luna
El docente barranquillero de la Universidad del Atlántico analiza la misión Artemis II como un espejo de nuestra propia soledad y una búsqueda desesperada de sentido en la era tecnológica.
Por María Valentina Novoa y Laura Camargo
El profesor Euclides Javier Camargo Smith, titular de la Cátedra Julio Enrique Blanco, desglosó las implicaciones de la misión Artemis II. Lejos de centrarse en la potencia de los motores o en los detalles del escudo térmico, el académico habló sobre algo más profundo: el regreso del hombre a la órbita lunar no es solo una proeza técnica, sino la respuesta de una especie que necesita verse desde afuera para entender quién es. A través de esta entrevista, Camargo exploró cómo el “animal buscador” que habita en nosotros se enfrenta hoy a sus propios límites y a la inmensidad de lo desconocido.
El “animal buscador” ante el espejo cósmico
Para el profesor Euclides, la misión de la NASA es el cumplimiento de un rasgo evolutivo y espiritual. Definió a la humanidad como un “animal buscador”, citando que la naturaleza no nos destinó a una vida baja, sino que nos introdujo en el universo como en un “gran festival” para ser espectadores y competidores. Según el filósofo, esta emoción no se satisface con el universo entero, pues nuestros pensamientos siempre buscan desbordar las fronteras de lo conocido.
Sin embargo, el académico planteó una duda que atraviesa la ética moderna: ¿Es Artemis II un destino o una huida? El profesor sugirió que, a veces, la obsesión por otros mundos es una forma de evitar mirar nuestra propia finitud. Para él, existe el riesgo de que la tecnología sea una máscara que oculte nuestra fragilidad, intentando negar que somos una sola sustancia con el entorno que habitamos y que hoy, más que nunca, está en crisis.
La ética del gasto y la “fantasía” del escape
Uno de los puntos más agudos de su reflexión fue el contraste entre la inversión en la “economía lunar” y la realidad terrestre. Camargo Smith calificó la luna como el “terreno inmobiliario más codiciado del siglo XXI”, donde las potencias se disputan el satélite entre ellos para ver quién es el primero en conseguirlo. El docente cuestionó si es justificable destinar miles de millones de dólares a la exploración espacial cuando millones de personas viven en la pobreza extrema aquí abajo.
En sus palabras, esta “obsesión” revela una contradicción de la modernidad: buscamos fuera soluciones que no hemos sabido gestionar dentro. El filósofo advirtió que la fascinación tecnológica a menudo se convierte en algún tipo de distractor que nos permite ignorar la responsabilidad ética que tenemos con la supervivencia del planeta. Sugirió que la humanidad debe rendir cuentas sobre si los beneficios de estos hallazgos serán para todos o solo para quienes tienen el dinero suficiente para llegar allí.
Recuperar lo sublime contra la soberbia digital
Finalmente, Camargo sostiene que la sociedad actual, hiperconectada pero anestesiada por la información, ha perdido la capacidad de sentir asombro. El profesor describió la imagen de la Tierra vista desde la cápsula Orión, como el espectáculo definitivo de nuestra era. Para él, esta visión es un antídoto contra la soberbia de la técnica: al vernos pequeños, recuperamos la conciencia de lo que realmente somos. “Aquel que rodea la Tierra admitirá que de casa nunca antes salió realmente”, afirmó, sugiriendo que el viaje más largo nos devuelve siempre al mismo lugar: nuestra propia esencia.
El regreso como destino
Euclides Camargo cerró su intervención con la invitación a ver a Artemis II no como una conquista, sino como una oportunidad de introspección. Al final del día, el “animal buscador” no va a la Luna a buscar recursos, sino a buscarse a sí mismo en el reflejo de la inmensidad. El éxito de la misión no estará en las muestras de suelo que se recojan, sino en si somos capaces de regresar con una visión más clara de cómo proteger el único hogar que tenemos.