“¿Por qué no resaltamos a esas mujeres que estuvieron detrás de la llegada del hombre a la Luna?”: Nataly Galán Freyle
El regreso a la Luna propone un debate sobre la invisibilidad femenina en la ciencia. Nataly Galán, doctora en Química Aplicada, reconocida científica e investigadora colombiana, cuestiona el uso del masculino como universal y analiza cómo el lenguaje ha moldeado los estigmas sobre quién posee la historia del conocimiento.
Por Isa Charris y Sara Mendinueta
La misión Artemis II reabre la pregunta: ¿Vuelve la humanidad a la Luna o solo vuelve “el hombre”? La científica Nataly Galán, una de las voces que lidera la transformación en el país desde su compromiso con visibilizar el mérito femenino en la ciencia y la innovación, pone en duda la neutralidad del uso del lenguaje al referirse a la llegada del hombre a la Luna. En este sentido, el uso del masculino como el género no marcado no es un detalle menor, es el reflejo de las brechas que, desde el lenguaje, han decidido quiénes aparecen en los libros de texto y quiénes se quedan en la sombra de los laboratorios.
El regreso a la Luna no solo reactiva la exploración espacial, también reanuda una pregunta incómoda que parecía tener respuesta. Durante años, la frase “el hombre llegó a la Luna” ha definido ese hito, consolidando la idea de que la ciencia es un territorio predominantemente masculino. En este sentido, el lenguaje no solo sirve para contar lo que pasa, también tiene el poder de delimitar a quién pertenece la historia y a quién no, lo que ha dado paso a la construcción de una visión parcial de quienes han sido protagonistas en la ciencia.
“Yo soy una mujer en la ciencia. Yo no puedo decir que el conocimiento, las capacidades, la disciplina están marcadas por un género. Pero, puedo decir que el reconocimiento y la visibilidad sí lo fueron. Siento que todos como seres humanos tenemos las capacidades, simplemente hubo un sesgo y un protagonismo por parte de las figuras masculinas”, sostiene Galán.
En conversación con la investigadora, se destaca que las mujeres no han estado ausentes en la ciencia, sino que han sido excluidas de su legitimación histórica. Esta omisión en la narrativa oficial es un muro que la científica invita a derribar.
“Yo me acuerdo que cuando se hablaba de los descubrimientos, se hablaba de los grandes descubrimientos científicos. Los científicos. ¿Y qué pasaba con las científicas? Fuimos omitidas por mucho tiempo y es triste, porque las mujeres desde la antigüedad, desde los inicios de la ciencia, siempre estuvimos ahí. Simplemente el lenguaje no fue lo suficientemente inclusivo para visibilizarnos y para reconocer que hicimos parte de la historia de la ciencia”, subraya la experta.

Expresiones como “el hombre llegó a la Luna” deben de replantearse para que el lenguaje sea mucho más inclusivo, donde realmente todos como humanidad seamos partícipes; el ser humano llegó a la Luna, sería la expresión adecuada, afirma Nataly Galán.
Aunque la misión Artemis II marca un acontecimiento con la presencia de Christina Koch, para Galán el logro técnico no debe eclipsar la persistencia de las desigualdades de fondo. La académica insiste en que, si bien hay avances, la deuda con la representación femenina en la exploración y el conocimiento sigue vigente, una postura que se refuerza con su visión sobre el futuro del papel femenino: “hoy, Cristina es la primera mujer que orbita la Luna, pero todavía hay una deuda: ¿dónde está esa primera mujer que camina sobre la Luna? Entonces, entiendo que se están haciendo una serie de transformaciones sociales importantes, pero la brecha histórica es grande, así que necesitamos más acciones”, puntualizó.
Galán enfatiza que la presencia femenina en la actualidad no es una concesión institucional, ni una respuesta a cuotas de género, sino el resultado de una excelencia profesional frente a una estructura que ha condicionado el talento femenino. Bajo esta mirada, resalta que la llegada de figuras como Christina Koch a la misión lunar reivindica el mérito como motor de cambio: “es importante decir y recalcar que no es simplemente porque hay una deuda histórica. Nosotros no colocamos una cuota femenina para que fuera al espacio, no. Aquí es importante reconocer todo lo que tuvo que hacer Christina para poder llegar allí”.
La falta de reconocimiento femenino no es un error del azar, sino el resultado de lo que se conoce como el “Efecto Matilda”. Esta estructura de poder ha definido tradicionalmente al hombre como líder y a la mujer como asistente, una invisibilidad tan arraigada que, según explica la científica, obligó a muchas investigadoras a “colocar sus descubrimientos a nombres masculinos para ser aceptadas por la comunidad científica”. Para la académica, este fenómeno tradicional en la medicina y las ciencias exactas demuestra que el lenguaje no es solo un código, sino una herramienta que puede otorgar o arrebatar la identidad de una profesional.
Este sesgo trasciende el papel y se instala en la cotidianidad, se normaliza como una realidad inconsciente que, según Galán, sugiere la existencia de la “memoria selectiva” sobre hitos que fueron, en esencia, esfuerzos colectivos. Ante el regreso al espacio, la científica invita a romper el discurso individualista: “¿Por qué no resaltamos a esas mujeres que estuvieron detrás de la llegada del hombre a la Luna?”, cuestiona, reivindicando la ciencia como una construcción en conjunto.
El lenguaje no solo narra la realidad, sino que define quién tiene permiso de protagonizarla; corregir esta omisión es clave para las nuevas generaciones. Solo al nombrar el aporte femenino, las niñas de hoy podrán proyectar su lugar en la ciencia: no como una excepción, sino como una parte fundamental de la historia.