Incendios forestales: ¿qué ocurre cuando las llamas se apagan?
Después de la emergencia, el suelo queda expuesto, algunas especies deben buscar nuevos refugios y la vegetación inicia un proceso de recuperación que puede extenderse durante años.
Por Liliana Orozco Barrios
La alerta por los incendios forestales se incrementa cada vez más en Colombia, una emergencia ambiental que desde el mes de agosto afecta al departamento del Tolima. Según el último informe de la Gobernación, se registran más de 50.000 hectáreas damnificadas, de las cuales 28.000 corresponden a zonas agropecuarias. Además, 2.660 productores han resultado afectados, 163.000 animales en riesgo y las pérdidas se estiman en más de 134.000 millones de pesos.
El informe satelital y cartográfico emitido por la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima) señala que su impacto compromete los municipios de Ortega, Armero – Guayabal, San Luis, Coyaima, Chaparral, Valle de San juan, Lérida y Alvarado. “Esta es una emergencia muy compleja. Es la mayor tragedia ambiental, económica y social que hemos tenido en el Tolima y una de las más grandes en Colombia. Esta situación no es ajena a nuestros recursos naturales”, expresó la directora general de Cortolima, Olga Lucía Alfonso.
La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) entregó el último balance de incendios, con corte al 10 de septiembre, en el que todavía se registran seis incendios activos en el departamento del Tolima. De acuerdo con el reporte, también se presentan conflagraciones en otros departamentos del país: tres en Antioquia y Nariño; dos en Caldas y Valle del Cauca; y uno en Huila, Cauca y Magdalena.
Impacto del fenómeno de El Niño
Colombia atraviesa actualmente condiciones climáticas asociadas al fenómeno de El Niño; según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), este fenómeno puede generar un aumento de las temperaturas y una disminución de las lluvias en algunas regiones, escenario que favorece la sequedad de la vegetación y aumenta la probabilidad de incendios forestales. Estas condiciones climáticas podrían extenderse hasta el primer trimestre de 2027.
Colombia se encamina hacia la fase de consolidación del fenómeno de El Niño bajo una posición de alta severidad. Las proyecciones más recientes del Ideam reportan un 75% de probabilidad a que este evento se ubique entre los más intensos registrados en la historia de Colombia.
“Estas condiciones favorecen una mayor evapotranspiración, incrementan la demanda hídrica de los ecosistemas y sectores productivos, y pueden contribuir al desarrollo de episodios de estrés hídrico, especialmente en zonas con alta vulnerabilidad o con antecedentes de déficit de precipitación”, agregó la teniente coronel Carolina Rueda, subdirectora de Meteorología del IDEAM.

¿Qué sucede después del fuego?
La magnitud de la emergencia permite dimensionar el impacto inmediato de las llamas, pero cuando el fuego finalmente se apaga es el inicio de otra etapa, ¿qué ocurre con el suelo, la vegetación y las especies que permanecen en estos territorios después de un incendio forestal?
Un estudio realizado en el Tecnológico de Antioquia en 2013 señala que uno de los elementos que resulta afectado es el suelo, debido a que el fuego puede alterar su estructura, porosidad y capacidad para infiltrar el agua. Cuando la vegetación se quema, el suelo queda más expuesto; por eso, cuando llegan las lluvias, el agua puede correr con mayor facilidad sobre la superficie en lugar de infiltrarse. Esto puede arrastrar la tierra y aumentar la erosión. Además, si las plantas todavía no han vuelto a crecer por las condiciones de sequía, el terreno queda aún más vulnerable.
Adicionalmente, las propiedades químicas del suelo sufren cambios sustanciales en la acidez, la materia orgánica y la fertilidad. El nivel de acidez del suelo es importante porque afecta la disponibilidad de nutrientes para los cultivos. “El suelo un poco ácido es el mejor para la mayoría de los cultivos, sin embargo, el incremento de cenizas en el suelo hace que el pH aumente”, menciona el estudio.
Pero el daño no solo ocurre en la superficie, también puede llegar a capas más profundas del suelo. Beatriz Díaz Solano, doctora en Ciencias Ambientales de la Universidad Autónoma del Estado de México, explica que la profundidad de la afectación depende, entre otros factores, del tiempo que permanezca el incendio. “Cuando un incendio permanece durante más tiempo, el calor puede alcanzar capas más profundas del suelo y afectar las raíces y la materia orgánica que allí se encuentra”, señala. La materia orgánica cumple un papel importante en la fertilidad del suelo, por lo que su pérdida puede hacer más lento el proceso de recuperación de la vegetación.
Por su parte, el humo y las cenizas suspendidas en el aire representan otra amenaza crítica, ya que pueden desplazarse por el aire y llegar a zonas ubicadas fuera del área directamente afectada, “el humo, los gases y las cenizas pueden desplazarse varios kilómetros y mantener la contaminación del aire incluso después de que el incendio haya terminado”, explica Díaz. Estos efectos pueden mantenerse durante semanas y continuar afectando las condiciones ambientales del territorio.
Una amenaza para la fauna
Durante un incendio, los animales buscan desplazarse hacia otros lugares para sobrevivir, pero su regreso al territorio afectado puede tardar porque han perdido las condiciones que necesitaban para permanecer allí. “Cuando los animales regresan al área afectada encuentran un territorio sin las condiciones que tenían antes, especialmente por la falta de alimento y refugio”, explica Díaz Solano.
Las posibilidades de supervivencia también dependen de las características del incendio y de cada especie. Un estudio de la red internacional Tropenbos, publicado en 2022, señala que el tamaño y la capacidad de desplazamiento de los animales influyen en su respuesta frente al fuego; algunos pueden alejarse de las llamas, mientras otros buscan refugio en madrigueras o en cuerpos de agua como ríos y lagos.

Algunas especies que viven en lugares donde los incendios son frecuentes han desarrollado formas de sobrevivir a estos eventos, como refugiarse, mantenerse alejadas de las llamas o adaptarse a las altas temperaturas. Sin embargo, estas capacidades pueden dejar de ser suficientes cuando los incendios son más intensos o frecuentes. “Las adaptaciones coevolutivas desarrolladas por diversas especies a menudo ya no son capaces de proporcionar una protección suficiente, y los incendios forestales matan o hieren a animales silvestres de todos los tamaños”, advierte el estudio.
Los microorganismos presentes en el suelo y en los cuerpos de agua cercanos también pueden verse afectados por las altas temperaturas y por las alteraciones que deja el fuego. “La microbiota del suelo y del agua también resulta afectada y su recuperación requiere tiempo”, explica Díaz Solano, quien señala que el restablecimiento de estos organismos hace parte del proceso que debe atravesar el ecosistema para recuperar sus condiciones naturales.
El largo proceso de recuperación
La recuperación de un ecosistema depende de la gravedad del incendio, de la profundidad a la que llegó el calor y de las condiciones que conserve el territorio. “La recuperación de la biodiversidad puede tomar años o incluso décadas, especialmente cuando el fuego afecta capas profundas del suelo”, explica Díaz Solano.
Para que este proceso avance deben restablecerse elementos como el agua, la materia orgánica y los microorganismos del suelo. Algunas semillas que permanecieron en las capas más profundas pueden volver a germinar, pero la capacidad del suelo para absorber agua también debe recuperarse. “La permeabilidad se recupera con el tiempo, pero naturalmente es un proceso lento”, señala la doctora.
Aunque estos procesos pueden desarrollarse de manera natural, la intervención humana puede contribuir a acelerar la recuperación cuando el daño dificulta la regeneración del ecosistema. Según Díaz Solano, acciones dirigidas a recuperar la vegetación y las condiciones del suelo pueden ayudar a que el territorio vuelva a sostener sus procesos biológicos.
A medida que estas condiciones vuelven a establecerse, la vegetación puede comenzar a crecer y generar nuevamente las condiciones necesarias para que otros organismos habiten el territorio. La recuperación del ecosistema depende, así, de que estos procesos vuelvan a conectarse de manera progresiva.