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El Comunicador

Más allá de la gravedad: la fisioterapia como escudo en la misión Artemis II
Recuperación de la tripulación de Artemis II en el océano Pacífico tras el amerizaje de la cápsula Orión. Foto: NASA/James Blair.
7 mayo, 2026

Más allá de la gravedad: la fisioterapia como escudo en la misión Artemis II

La misión Artemis II representa un hito tecnológico y un desafío físico sin precedentes. Tras décadas sin abandonar la órbita terrestre baja, cuatro astronautas se enfrentaron a condiciones extremas de microgravedad y radiación que ponen a prueba los límites de la fisiología humana.

Por Aylenn Pacheco y Valeria Camero

Elena Vergara, fisioterapeuta especialista en rehabilitación y análisis del movimiento humano con una amplia trayectoria en recuperación funcional y acondicionamiento de alta complejidad, sostiene que, lejos de la protección magnética de la Tierra, el cuerpo se enfrenta a la atrofia muscular acelerada, la pérdida de densidad ósea y la desorientación sensorial.

En este escenario, la fisioterapia deja de ser una herramienta de recuperación para convertirse en una pieza estratégica del entrenamiento; no se trata solo de estar en forma, sino de preparar el sistema musculoesquelético para resistir la fuerza G del lanzamiento, adaptarse a la ausencia de gravedad dentro de la cápsula Orión y soportar el impacto del regreso al océano.

Su perspectiva permite entender cómo se traslada la ciencia del ejercicio clínico a un entorno donde la ausencia de gravedad obliga a rediseñar todas las reglas del juego. Para Vergara, el éxito de la misión Artemis II no depende solo de la tecnología de punta de la NASA, sino de la resistencia de la anatomía humana, entendiendo que el movimiento es el motor que permitirá habitar otros mundos y la base de nuestra evolución fuera de la Tierra.

Bajo esta visión, el verdadero desafío espacial es biológico: mantener la integridad física en un sistema que interactúa de manera constante con la gravedad y que requiere un blindaje previo. De este modo, se comprende que la conquista de la Luna comienza mucho antes del despegue: empieza con el cuidado, fortalecimiento y la preparación de cada fibra de nuestro cuerpo.

Reid Wiseman, comandante de la misión Artemis II, durante un ejercicio de entrenamiento en el Laboratorio de Flotabilidad Neutra del Centro Espacial Johnson. Foto: NASA.

¿Qué papel juega la fisioterapia en el entrenamiento de astronautas y cómo se redefine la preparación física para alguien que va a orbitar la Luna?

Es un pilar estratégico. Los ingenieros cuidan la nave, pero nosotros cuidamos el “vehículo biológico”. Desde la fisioterapia clínica, el enfoque cambia totalmente: ya no buscamos que el paciente camine o corra mejor en la ciudad; buscamos “blindar” sus tejidos. El protocolo se redefine hacia la resiliencia mecánica.

Preparamos al cuerpo para que, al perder la gravedad, tenga una reserva muscular y ósea tan alta que el impacto de la microgravedad no sea devastador para su autonomía funcional. Sin un experto en biomecánica, el riesgo de una lesión incapacitante allá arriba es demasiado alto.

¿Cómo afecta la microgravedad al sistema muscular y óseo según lo que conoce en la fisioterapia?

Es básicamente una desadaptación acelerada. Al no tener que vencer la resistencia de la Tierra, el cuerpo, que es muy ahorrador, deja de invertir energía en mantener huesos y músculos fuertes. Esto genera una pérdida de densidad ósea similar a una osteoporosis acelerada y una atrofia muscular por desuso, especialmente en los músculos antigravitatorios como los cuádriceps y los gemelos.

Considerando esa pérdida de masa muscular, ¿qué estrategias o ejercicios serían fundamentales antes de una misión así?

Lo principal sería el entrenamiento de fuerza excéntrica. En mi práctica, recomendaría cargas pesadas que estresen el hueso para fortalecerlo. Necesitamos que el astronauta llegue con una “armadura” de tejido conectivo y muscular muy densa en la espalda y piernas, que es lo primero que se debilita cuando flotan en la cápsula Orión.

Sobre la salud de la espalda, ¿qué ejercicios de control motor son esenciales para proteger la columna ante la descompresión que sufren en el espacio?

Como fisioterapeutas, trabajaríamos la estabilidad segmentaria profunda. Al expandirse los discos en el espacio, la columna se vuelve inestable. Entrenaríamos el músculo transverso y los multífidos para que funcionen como una faja interna. El objetivo es que, aunque su columna se estire allá arriba, sus músculos profundos mantengan cada vértebra en su lugar.

En cuanto al equilibrio, ¿cómo entrena un fisioterapeuta a alguien para mitigar la desorientación sensorial que ocurre lejos de la Tierra?

Usamos mucho el entrenamiento propioceptivo. Obligamos al paciente a realizar tareas complejas sobre bases inestables y con los ojos cerrados. Esto entrena al cerebro para que no dependa solo del oído interno (que falla sin gravedad) ni de la vista, sino de la información que envían sus articulaciones sobre la posición de su cuerpo.

¿Qué tipo de “blindaje” articular se puede trabajar para resistir las fuerzas G del lanzamiento?

Es vital trabajar la estabilidad cervical. En el lanzamiento, el peso de la cabeza se multiplica. Fortalecemos los flexores profundos del cuello y la zona escapular para que los astronautas puedan mantener la postura correcta y evitar latigazos cervicales o lesiones por vibración extrema durante el despegue.

Los astronautas Reid Wiseman y Victor Glover durante un entrenamiento de preparación para la desorbitación dentro de la maqueta de la nave espacial Orión. Foto: NASA/Mark Sowa.

¿Qué tipo de rutinas o ejercicios cree que son obligatorios para ellos durante la misión?

Aunque el espacio sea mínimo, deben realizar carga mecánica. Yo sugeriría el uso de bandas elásticas de alta resistencia para simular el peso que han perdido. Deben hacer contracciones sostenidas para avisarle al cerebro que los músculos todavía se necesitan; si no, el cuerpo empieza a “desmantelar” el músculo en cuestión de días.

¿Qué retos enfrenta un fisioterapeuta al analizar condiciones tan extremas donde no puede tocar al paciente?

El reto es la distancia. Nos obliga a ser muy precisos en la prescripción del ejercicio. Debemos convertirnos en grandes educadores para que el astronauta entienda perfectamente cómo debe moverse. Además, nos obliga a estudiar cómo cambian los fluidos del cuerpo sin gravedad.

¿Cuáles son las afectaciones físicas más comunes que ve un profesional al regreso de una misión espacial?

Lo más común es la hipotensión ortostática (se marean al estar de pie porque su sistema circulatorio se volvió “perezoso”) y una debilidad muscular extrema. También hay mucha rigidez articular y, sobre todo, una sensación de pesadez que puede generar mucho dolor lumbar y descoordinación al caminar de nuevo.

Una vez en la Tierra, ¿cuánto tiempo dura la rehabilitación y cuál es el enfoque?

No es algo de un día para otro; puede tomar meses recuperar la densidad ósea perdida. El enfoque inicial debe ser la hidrocinesiterapia (ejercicios en agua), porque el agua nos permite movernos sin cargar todo el peso de la gravedad de golpe, facilitando que las articulaciones se reajusten sin sufrir lesiones por impacto.

¿Cómo cree que evolucionará la fisioterapia con las misiones a la Luna o Marte?

Vamos hacia la telefisioterapia avanzada. Tendremos que diseñar sistemas robóticos que asistan el movimiento y protocolos que el astronauta pueda autogestionar. En Marte, con menos gravedad que en la Tierra, el reto será mantener a la tripulación funcional durante años, no solo días.

¿De qué manera estos avances espaciales ayudan a pacientes que nunca salen de la Tierra?

Muchísimo. Lo que aprendemos sobre la atrofia en astronautas nos sirve para tratar mejor a personas mayores con riesgo de caídas o a pacientes que deben estar meses en cama tras una cirugía. La tecnología que hoy se usa para Artemis II mañana será la base de mejores tratamientos para la osteoporosis aquí abajo.

Finalmente, ¿cuál es la lección más importante que nos deja Artemis II sobre el cuidado del cuerpo?

Que el cuerpo humano es una máquina de adaptación. Artemis II nos recuerda que “lo que no se usa, se pierde”. La salud musculoesquelética no es estática; depende del movimiento constante. Si queremos explorar el universo, primero debemos ser expertos en mantener nuestro propio cuerpo fuerte y funcional.

Como profesionales del movimiento, solemos decir que el cuerpo es una máquina diseñada para la acción”; sin embargo, misiones como Artemis II nos obligan a reformular esta premisa: el cuerpo es, en realidad, un sistema biológico en diálogo constante con la gravedad.

Desde mi perspectiva clínica, el verdadero éxito de esta misión no residirá únicamente en el blindaje de la cápsula Orión, sino en la capacidad de los astronautas para mantener su integridad musculoesquelética en un entorno que intenta desmantelarla segundo a segundo. La fisioterapia nos enseña que la salud no es un estado estático, sino un equilibrio dinámico que requiere resistencia y carga mecánica. Mi conclusión es clara: para que el ser humano pueda dar el siguiente gran paso en la Luna, sus pies deben estar respaldados por una estructura física sólida, entrenada no solo para resistir el vacío, sino para garantizar un regreso funcional a la vida en la Tierra. El movimiento, incluso a miles de kilómetros de casa, sigue siendo nuestra mejor medicina.

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