El Día del Amor y la Amistad: el significado del amor en lo cotidiano
El aire de septiembre huele a chocolate y perfume floreado. Las tiendas están decoradas con corazones rosa y rojo, las pastelerías preparan postres un poco más dulces y las ofertas de descuentos son mejores en pareja. Estamos en ese momento del año en que la temática es una celebración al amor, o así se supone que debería ser.
Por Andrés Camilo Galeano
El día del Amor y la Amistad es una celebración a las relaciones, a esos vínculos especiales que endulzan nuestras vidas y hacen que el día a día no sea solitario, pero los reflectores suelen posar ante el más romántico vínculo de pareja. Esto es un recordatorio de que todos, sin importar el estado civil, merecen amar y ser amados; un recordatorio para decir Te amo a quienes son importantes sin que el título sea relevante.
En Colombia, la celebración no llegaría sino hasta 1969. Anteriormente la única de este estilo era el famoso Día de San Valentín en febrero, pero los comerciantes empezaron a discutir por los números bajos en sus ventas. El argumento tras la oficialización del Día del amor y la Amistad en septiembre fue simple: no había nada que celebrar en ese mes. Además, febrero coincidía en un momento donde las personas estaban recuperándose de la navidad y gastando en el regreso a clases de los más jóvenes, por lo que no tenían dinero para gastar en flores o chocolates.
Desde entonces la fecha ha quedado marcada en los calendarios de los colombianos como motivo de dedicar un día al amor, y aún así dista del romance que celebramos en San Valentín. Febrero es para las parejas, casi de manera exclusiva, mientras que septiembre conmemora ese sentimiento en un abanico más amplio de relaciones. Celebramos a los amigos, a los familiares más cercanos, a compañeros en entornos sociales; pero parecemos olvidar una demostración de amor igual o más importante: el amor propio.
¿Cuántas veces nos invitamos a un café el miércoles en la tarde? ¿cuántas veces nos llevamos al cine o a un restaurante elegante? ¿cuántas veces nos compramos flores? Nos olvidamos de la persona que mejor conocemos y aprendemos que amarnos es evidencia de narcisismo. Pero no debe ser así, recibimos el afecto que creemos merecer y es importante aprender a escucharnos antes de poder entregar ese amor a otros.
Por eso esta celebración, incluso si nace de intereses comerciales, se ha convertido en una oportunidad o en una invitación a detener la rutina y hacer saber a las personas que amamos lo que significan para nuestra vida. Los planes en familia y amigos, como una tarde de picnic, un intercambio de regalos, juegos grupales o simplemente salir a un parque cercano, son solo opciones entre la infinidad de actividades que podemos realizar para la ocasión.
Pero, ¿y si no hay con quién pasar el día? Aún así vale la pena pasarla bien, incluso si es en solitario: salir a caminar, comer en un lugar que siempre has querido probar o un maratón de tus películas y series favoritas, esas son formas de demostrar amor a nosotros mismos. Porque de eso se ha tratado todo esto, de amar. Los humanos sentimos esa necesidad de amar a los demás y de sentirnos amados, pero nada de eso es cuantificable con regalos.
El verdadero amor está en los detalles más silenciosos. Nos acostumbramos a que el amor solo puede ser hallado en otra persona, de manera casi nupcial, que olvidamos que el amor puede estar en nuestra canción favorita, en un recuerdo especial, en nuestras mascotas, nuestra familia y amigos o en una comida. Porque al final, el amor es todo aquello que valoramos de verdad.