Barranquilla vs. Air-e: ¿sin luz al final del túnel?
En la batalla entre la empresa y los ciudadanos, el sentimiento de impotencia se profundiza y se convierte cada vez más en una situación que tiene en jaque el bolsillo de los ciudadanos y en vilo a los empresarios de esta región del país.
Por Nathalia Herrera y Nataly Fontalvo
Un murmullo persistente de quejas e inconformidades se ha convertido en un clamor creciente por parte de los habitantes de la región Caribe, debido a que, según manifiestan, el recibo de la luz que les llega mensual, no es solo un elevado número, sino una carga financiera abrumadora que pesa sobre sus hombros diariamente, obligándolos a decidir entre pagar el recibo de la luz o comprar su alimentación y mantener los estudios de sus hijos.
En el 2020, los barranquilleros se encontraban llenos de esperanza y en busca de un rayo de luz en Air-e, la nueva empresa que entraría en reemplazo de Electricaribe tras la crisis financiera, institucional, de idiosincrasia y de politización del servicio de energía que funcionaba en siete departamentos de la costa Caribe desde hace 17 años. Y que, desde los últimos cuatro años de su estadía en la región, fue receptor de 2 188 quejas de la ciudadanía relacionadas con la deficiente calidad en la prestación del servicio de energía y abuso en el cobro de tarifas en el Caribe.
Sin embargo, a pesar de la llegada de Air-e a la Puerta de Oro como solución a la problemática presentada por la ineficiente calidad de la anterior administración del servicio de energía, la Personería de Barranquilla recibió 932 quejas solo en el primer año de funcionamiento de la empresa, donde los comentarios más frecuentes refiriéndose a la calidad del servicio reflejan la precariedad mediante los cobros excesivos, los cortes prolongados, los bajones de energía y, además, el aumento de facturación, violación a los debidos procesos y el cobro de energía consumida dejada de facturar.
Yesenia Sandoval, una madre cabeza de hogar estrato dos, nos contó con tono de resignación y frustración mientras atendía a sus hijos y se movía en medio de su trajín cotidiano cómo vivió el cambio de administración: “Es una lucha constante, ¿sabe? Pensamos que con Air-e las cosas mejorarían, pero todo sigue igual o incluso peor. Y no es solo la plata, es la incertidumbre de no saber cuándo nos cortarán la luz o si el próximo bajón de energía dañará algún electrodoméstico de esos que, de cosa, medio sirven. Eso frustra, sentimos que estamos atrapados en un círculo vicioso, luchando por algo tan básico como tener luz en casa”.

Ante el clamor de Yesenia y del resto de los barranquilleros, Air-e parece estar navegando en un mar de excusas que suenan más a evasión que a solución. “Problemas técnicos”, “ajustes en la infraestructura”, “fluctuaciones en el mercado energético”: estas son solo algunas de las justificaciones que esta empresa esgrime como escudo ante el furor de los ciudadanos.
En medio de toda esta discusión, Air-e explica que, durante el año 2023 se empezó a aplicar el cobro de la llamada “opción tarifaria”, que tiene a los usuarios del país con una deuda que quedó acumulada desde la pandemia, asumiendo el Caribe Colombiano el doble de pérdidas reconocidas por Air-e y Afinia en comparación con el resto de ciudades del país. Esta diferencia de variación que explican los funcionarios es resultado de la exclusión de las empresas encargadas de la energía en el Caribe en las Áreas de Distribución, lo que resulta en la no regulación por parte de la CREG (Comisión de Regulación de Energía, Gas y Combustibles) y a la no incurrencia en el cargo unificado por ADD. Sin embargo, para aquellos que se encuentran atrapados en un ciclo interminable de facturas desorbitadas, estas palabras suenan a excusas vacías.
Robo de energía, un delito que afecta a todos
Mientras algunos luchan mes a mes por encontrar los recursos necesarios para pagar sus facturas de electricidad, otros optan por una solución más siniestra: el fraude al contador. Según relatos recogidos, estas prácticas clandestinas se llevan a cabo de diversas maneras, desde conectar directamente las líneas al transformador hasta instalar dispositivos para manipular el consumo.
Este flagelo del robo de electricidad no hace distinciones de estratos socioeconómicos, lo cometen los de la clase baja, hasta la media y alta de la ciudad; Todos aquellos que rehúsan incurrir en delitos se ven perjudicados, ya que las tarifas evadidas por los demás, son agregadas al recibo de los que sí pagan mensualmente su servicio, deteriorando cada vez más su bolsillo.
Este flagelo del robo de electricidad no hace distinciones de estratos socioeconómicos, lo cometen los de la clase baja, hasta la media y alta de la ciudad; todos aquellos que se rehúsan a incurrir en delitos se ven perjudicados, ya que las tarifas evadidas por los demás, son agregadas al recibo de los que sí pagan mensualmente su servicio, deteriorando cada vez más su bolsillo.
“Rechazamos rotundamente este tipo de fraudes que socavan la calidad del servicio. Representa un atentado no solo contra la integridad de quienes lo cometen y se benefician, sino también contra aquellos usuarios que están legalmente conectados a la red. Además, pone en peligro la estabilidad financiera del proveedor de servicios de energía y causa un impacto económico negativo en los usuarios honestos”, declara Fermín de la Hoz Torrente, gerente de Servicios Jurídicos de Air-e.
Mientras tanto, los barranquilleros y en especial los usuarios que pagan mes a mes sin realizar algún tipo de maraña para evadir el pago, continúan en la cuerda floja, malabareando sus presupuestos para poder cubrir los costos cada vez más elevados de la electricidad. La incertidumbre se cierne sobre ellos como una sombra despreciable, recordándoles que su lucha está lejos de terminar.

Distintos usuarios hacen un contraste que refleja la realidad desconcertante que desafía la lógica y estremece los cimientos de la estabilidad financiera de las familias barranquilleras: “Incomprensible que a algunos en Barranquilla, sin tener aire acondicionado ni ventilador y en una casa que se encuentra en las mismas condiciones que las casas del interior del país, a excepción de las climáticas, por los aumentos en los cobros les han llegado recibos desde $90 500 hasta por encima de los $500 000 pesos. ¡Esto es una locura!”, expresó Yesenia como una de las posturas que tiene en común con diferentes ciudadanos que, a diferencia de ella por cuestiones de tiempo, sí pueden salir a manifestar mediante protestas y plantones su descontento con la empresa contratada por los cobros excesivos en los recibos.
Esta situación ha paralizado en múltiples ocasiones la movilidad en Barranquilla y, a pesar de que el presidente Gustavo Petro se haya comprometido a reducir las tarifas y mantener un equilibrio en los precios de la región Caribe para el año 2024 debido a la desigualdad tarifaria dentro del territorio nacional, el gerente de Air-e ya anunció un aumento del 15 % en las tarifas.
Samir Contreras es dueño de un pequeño restaurante de comidas rápidas y cuenta que diariamente se queda mirando al horizonte reflexionando sobre la disparidad en los costos de servicios de energía en Barranquilla, recuerda sus recientes idas a Bogotá para visitar a su familia. “Es increíble”, dice Samir, con un tono de incredulidad en su voz mientras cuenta esto: “En diciembre, cuando estuve en Bogotá, se pagó alrededor de $33 000 por la factura de luz en el apartamento. Y eso que estaba en estrato tres”.
El contraste con lo que experimenta en Barranquilla es notorio, y Samir no puede evitar expresar su frustración al comparar los números. “Aquí en Barranquilla, en el mismo mes, pagué alrededor de $460 000 por la luz. Y lo peor es que soy estrato dos”, agrega, con un gesto de resignación. Samir, mientras lucha por mantener su pequeño negocio a flote, no puede evitar sentirse atrapado en un sistema que deja en apuros a muchos.
“Tenemos los bolsillos saqueados y adoloridos cada vez que llega la factura”, expresa Karol Solís Menco, representante del Comité Atlántico en la Asamblea en Atlántico y Barranquilla por una Tarifajustaya, donde asistieron más de mil personas y tuvieron el respaldo de 20 000 firmas ciudadanas. “Somos el comité Atlántico y tenemos cuatro solicitudes puntuales”, entre ellas, que las pérdidas no técnicas sean revisadas, que la tasa de alumbrado público, que representa el 30 % de nuestra factura sea regulado puesto que ya ha recaudado más de un billón de pesos, y que el robo de pocos ciudadanos no se vuelva el robo de toda una ciudadanía que sí paga la energía para sostener ‘a una parte de la clase social dirigente y a grandes empresarios’.
En esta batalla entre la empresa y los ciudadanos, el sentimiento de impotencia se profundiza y se convierte cada vez más en una situación que tiene en jaque el bolsillo de los ciudadanos y en vilo a los empresarios de esta región del país. Para muchos, parece que Air-e está jugando con fuego, alimentando la indignación de una población que ya ha alcanzado su límite, pues siente que, por más de que ahorren energía, no se ve reflejado en sus bolsillo. Mientras tanto, las promesas de mejoría parecen estar tan distantes como la luz al final de un túnel oscuro y sin fin.