“Filosofía, alegra mi vida”: entrevista con Jorge Andrés Machado, un docente único
Entre risas, libros y cuentos el docente comparte su pasión por la filosofía y dedicación a la educación.
Por Laura Peña Gutiérrez y Sor Melissa Villanueva Quiroz
Jorge Andrés Machado Blandón se ha destacado no solo como magíster en Filosofía, sino también como escritor, conferencista y pedagogo. Su trayectoria la ha forjado desde la enseñanza a niños de preescolar hasta la formación de jóvenes líderes sociales en Colombia, su vida se ha entrelazado con la academia de una manera profunda y significativa.
El filósofo de los niños
Cuando Jorge habla de su vocación, sus ojos brillan. “Desde mis inicios en el seminario, siempre supe que quería trabajar con niños y jóvenes”, reflexiona. De ahí que cuando se retiró de su formación para el sacerdocio continuó con sus estudios en Filosofía porque, como él expresa: “Siempre me ha apasionado la relación con las personas y el apostolado”. Para él, la enseñanza no es solo un trabajo, sino un proceso enriquecedor donde la palabra y la pregunta se convierten en herramientas fundamentales. “Motivar a los niños y darles poder en su voz es crucial, así como también en la capacidad de silenciarse para reflexionar, no como castigo y la escucha que le permite entender el mundo”, dice, enfatizando la importancia del respeto y la empatía en el aprendizaje. Su enfoque se centra en fomentar la curiosidad y el asombro, creando un espacio donde los niños pueden cuestionar y reflexionar sobre el mundo que les rodea.

Maestro de los jóvenes
Jorge ha dedicado gran parte de su vida a la enseñanza, en su recorrido ha podido trabajar con niños y jóvenes y nos comparte que, para él, trabajar con ellos es “una renovación constante”. En sus propias palabras, Jorge comunica su vivencia: “Yo creo que cada vez que uno tiene la oportunidad de compartir con niños y con jóvenes, hay una renovación. Primero con los pequeños por su energía y con los jóvenes por tantos deseos que tienen, pero también tantas necesidades”.
A lo largo de los años, ha sido testigo de sus luchas, “situaciones de crisis” y “situaciones de dolor”, pero también de sus aspiraciones y sueños. “Uno empieza a ver en los jóvenes un horizonte al que quieren llegar”, comenta, lo que lo motiva a seguir acompañándolos en su camino.
Aunque Jorge reconoce el paso del tiempo en su vida, se pregunta a sí mismo: “Yo ya tengo 43 años, ¿hasta cuándo voy a seguir compartiendo con los pequeñitos?”. Sin embargo, rápidamente encuentra la respuesta en una idea que lo reconforta: “el espíritu no envejece”. Para este maestro, el trabajo con sus estudiantes le permite mantenerse joven de espíritu, encontrando en ellos nuevas formas de renovarse y crecer como docente.
“Dios quiera que podamos seguir renovándonos en ellos”, expresa, consciente de que, a pesar de los años, siempre habrá nuevas “alternativas” y retos que enfrentar junto a sus alumnos, retos que muchas veces enfrenta él como maestro.

Más allá de la filosofía
Jorge no solo es un educador; también es un hombre de familia. “Los fines de semana son sagrados para mí, o sea prevalece mi hijo y mi esposa, compartir con ellos o con otros familiares y amigos”, dice con una sonrisa sincera, refiriéndose a su tiempo con su esposa y su hijo, Tomás. Para él, la familia es una prioridad, y aunque su trabajo lo lleva a encuentros que ameritan mucho de él, siempre encuentra un equilibrio.
“Cuando voy a estos encuentros, no es para distraerme, yo creo que mi esposa sabe que cuando yo me voy para este tipo de encuentros, no me voy de rumba, ni de despeluque”. Continúa graciosamente: “Bueno, tampoco tengo pelo”. Es parte de mi vocación, de una proyección para la comunidad y de mi renovación personal”, aclara.
La relación con su esposa es otro pilar fundamental en su vida. “El matrimonio es una vocación compleja”, reflexiona, hablando sobre los desafíos y las alegrías que han compartido. “Cuando uno se compromete a mantener viva una relación, ambos deben esforzarse” Considera que el matrimonio es una vocación compleja porque las decisiones que se toman deben ser con claridad, si no, son decisiones que traerán retos.
Él es consciente no solo de que “el matrimonio es complejo, hay situaciones difíciles, dolorosas, momentos que no se espera y suceden”; sino también de que: “Lo importante es darse cuenta de que para que una relación se acabe necesita de los dos, que ambos estén dispuestos a dejar morir”.

Jorge también enfatiza en el apoyo que una pareja debe tener mutuamente, en donde si se está al borde del fin pero “hay una persona que trabaja y que lucha para que no se acaben las cosas, uno puede seguir avanzando”, de cierta manera, también realiza una comparación de esta situación con una apuesta, en la que expresa que “cuando el otro está con el 20, yo estoy con el 80”, dando a entender que no siempre las relaciones van a ser 50/50, si no que se trata de complementar lo que uno da y también lo que recibe.
Jorge y su esposa han creado un hogar lleno de amor. Expresa que “vive en una familia feliz, que en estos momentos están contentos, disfrutando con proyectos en común” siempre apoyando a su hijo en su camino hacia la felicidad. Al preguntarle sobre qué sueña para su hijo, el responde de forma inmediata sin pensarlo tanto: “mi esposa y yo soñamos que sea un hombre feliz, muchas veces nos hemos vinculado a otro tipo de propuestas, pero cuando mi esposa y yo reflexionamos, no, nosotros queremos que sea feliz”.
Así concluye Jorge, un hombre de fe que busca compartir con las demás personas espacios de paz, tranquilidad, respeto, alegría, bromas y de diversión. Él enfatiza que su alegría proviene del compartir con los más pequeños, porque en ellos encuentra locura, travesura e incluso momentos de tristeza que lo renuevan como ser humano; Jorge comparte: “Son los niños los que nos da esa energía, yo no sé qué pasa en la sociedad, pero en ellos está toda la bondad”.
En su vida, la filosofía no solo se enseña, sino que se vive a diario, iluminando su camino y el de quienes lo rodean.