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El Comunicador

El testimonio de Ruby Barroso: un milagro de fe
4 diciembre, 2025

El testimonio de Ruby Barroso: un milagro de fe

Aquí se narra la inspiradora lucha contra el cáncer que enfrentó una mujer que supo convertir su dificultad en fortaleza.

Por Janna Borrego, Hilary Gil y Linda Vital

En el inmenso lienzo de la vida, algunos enfrentan desafíos que dejan una huella imborrable en su existencia. El cáncer, esa palabra que resuena con temor y valentía a partes iguales, ha tocado la vida de muchos como un viaje inesperado por la senda de la adversidad y la superación. En medio de una lucha silenciosa contra un cáncer que se alojó entre el pulmón y el corazón, la vida de Ruby Barroso Linche se vio envuelta en una tormenta devastadora cuando la metástasis alcanzó su cerebro, desencadenando una batalla aún más intensa por la supervivencia.

Después de enfrentar sesiones intensas de quimioterapia, radioterapia y hasta un trasplante de médula, recibió la noticia más esperada y milagrosa: el cáncer había desaparecido por completo. Pero ¿Cómo fue posible este, que bien puede ser considerado un gran milagro? El testimonio de lo que la protagonista de esta historia entiende como “una fe renovada” es la respuesta.

Un rayo de luz en medio de la oscuridad

Con un rostro tranquilo y una voz que transmite paz, Ruby cuenta la difícil situación que vivió hace un par de años, situación que casi le quita la vida, pero en la que siempre estuvo confiada en que saldría victoriosa.

“Mi vida era un constante ir y venir, repleta de proyectos, metas y momentos compartidos con mi familia y amigos”, dice Ruby, quien antes de enfrentarse al desafío del cáncer tenía una vida que estaba impregnada de actividad y vitalidad. Le encantaba dedicarle tiempo a su mi familia, participando en eventos comunitarios o simplemente disfrutando de largas caminatas en la naturaleza.

Junto a su familia vivió momentos de dolor, incertidumbre y esperanza, Ruby desafió las probabilidades y se aferró a la fe. Cada día era una lucha contra la enfermedad que amenazaba con consumirla, pero en medio de la oscuridad, un rayo de luz que emergió, la motivaba cada día más a luchar contra esta enfermedad y poder tener un futuro que le permitiría seguir viendo crecer a sus hijos, y sirviendo de testimonio para las personas que están en la lucha contra el cáncer. Teniendo siempre el apoyo y acompañamiento de su esposo Harlet Correa, quien se convirtió en esos momentos en su pilar, no dejándola darse por vencida a pesar de la circunstancia.

En septiembre de 2019, su vida dio un giro inesperado cuando recibió una noticia devastadora. Aunque se sentía saludable y confiada en que todo marchaba bien, una serie de dificultades respiratorias la llevaron a consultar con un médico, quien inicialmente diagnosticó pulmonía; al persistir los síntomas, deciden ordenarle una serie de exámenes más profundos, que arrojaron que tenía cáncer Hodgkin, (Es un cáncer que se caracteriza por crear un tumor en donde las células crecen sin control, quiere decir que entre más tiempo pase sin recibir tratamiento, más grande es el riesgo de propagación y muerte del cuerpo) pero aún no tenían claro que tipo de linfoma afectaba su cuerpo. Para conocer a profundidad el cáncer y como debían proceder, necesitaban realizarle una biopsia que requería mantenerse acostada, pero el solo hecho de practicarle ese procedimiento podría correr el riesgo de quedar sin respiración y morir.

La fe como sostén en la adversidad

Una de sus preocupaciones durante el proceso eran sus hijos, en aquel momento, “tenía dos hijos; mi hija de 6 años y mi hijo de 14”, manifiesta Ruby con voz entrecortada y ojos llorosos. La noticia fue un golpe cruel para ellos, “aunque mi esposo se esforzó por explicarles el proceso que enfrentaríamos juntos”, agrega Ruby.

A pesar de la adversidad por la que Ruby se encontraba pasando, según cuenta, la fe en su vida se reveló como un sostén emocional invaluable, que ofreció consuelo, esperanza y fuerza para afrontar cada jornada con valentía.

“En primer lugar, la fe se me presenta como un refugio interno en los momentos de mayor vulnerabilidad y temor”, explica Ruby con rostro armonioso. Aparte de contar con la familia de sangre, tuvo la fortuna de estar rodeada de personas que hacen parte de la congregación a la que asiste y para la que trabaja desde hace más de 20 años, que más que conocidos se han convertido en la familia espiritual. Ellos fueron de gran apoyo no solo en oración y agarrados a la fe que profesan, sino también de apoyo en la parte económica y acompañamiento físico, contando con que ese tipo de enfermedades son demasiado costosas y requiere de influencias medicas para que todo este proceso se realice en el menor tiempo posible.

Contó con la ayuda de sus pastores quienes desde el primer momento estuvieron en todo el proceso siendo de apoyo para ella y su familia, su mejor amiga también estuvo internada con ella mientras su esposo acompañaba a sus hijos. Con la voz entrecortada y los ojos llorosos expresó que sin la ayuda de estas personas y de la iglesia a la que ella ha servido y se ha entregado por muchos años, habría sido difícil salir de ese terrible momento.

“Yo no encontraba las palabras adecuadas para contarle a mi familia la terrible adversidad médica por la que estaba pasando”, manifiesta Ruby. Le habían diagnosticado cáncer. Consciente de los miedos y preocupaciones de sus seres queridos, especialmente respecto a las clínicas y tratamientos médicos, Ruby se esforzó por transmitirles calma y confianza. Explicó con claridad los planes del tratamiento, resaltando los avances médicos y la atención personalizada que recibiría en el proceso. Aunque el temor a lo desconocido estaba presente, Ruby les recordó que el apoyo mutuo y la fe en el equipo médico serían pilares fundamentales para superar juntos esta etapa desafiante.

Las sesiones de quimioterapia y radioterapia se convirtieron en una constante cada 20 días, y con el tiempo su cabello comenzó a caerse. “Aunque intenté mantenerme fuerte durante el tratamiento, ver a mi hijo llorar en la iglesia al verme pálida y sin cabello fue desgarrador”, con voz quebrada Ruby expresa el doloroso momento que vivió con sus hijos en este proceso. No era su apariencia lo que le preocupaba en esos momentos, era más importante hacerle entender a sus retoños, que su mamá, aunque se viera distinta, seguía siendo esa mujer valiente, fuerte y decidida que día a día le ayudaba en sus tareas escolares, en preparase para salir y ser eso, su mamá.

Los hijos de Ruby se vieron enfrentados a una experiencia para la cual en ninguna edad se estaría preparado por completo. Para la niña, la enfermedad de su madre representaba un mar de confusión y temor. La idea de una enfermedad desconocida y la posibilidad de perder a su mamá generaron una ansiedad difícil de expresar con palabras.

Por su parte, el hijo mayor, en plena adolescencia, atravesó un torbellino de emociones. El impacto de ver a su madre enferma y sometida a tratamientos agresivos fue una carga emocional abrumadora. La sensación de imposibilidad de hacer algo más, solo estar presente y brindar apoyo desde su lugar lo hizo sentir profundamente impotente. La lucha de su madre contra el cáncer, junto con los efectos secundarios de la quimioterapia y la pérdida de cabello, lo confrontaron con la fragilidad de la vida y la cruda realidad de la enfermedad.

Ambos hijos experimentaron el miedo a lo desconocido y la preocupación por el bienestar de su madre, lo que se entrelazó con una necesidad profunda de entender y procesar lo que estaban viviendo. El impacto psicológico de la enfermedad se manifestó no solo en momentos de tristeza y preocupación, sino también en la búsqueda de respuestas y formas de apoyo emocional.

Enfrentando nuevos desafíos

Después de recibir la noticia alentadora de que el tratamiento había sido exitoso y que podía regresar a casa, Ruby se preparó para retomar su vida con renovado optimismo. Sin embargo, en uno de sus controles médicos rutinarios, empezó a experimentar síntomas preocupantes que no había sentido antes. La dificultad para mantener conversaciones coherentes y la pérdida de memoria en ciertos momentos la inquietaron profundamente. Al compartir estas preocupaciones con su médico, se desencadenó una serie de exámenes exhaustivos para comprender la causa de estos nuevos síntomas.

La noticia que recibieron después de los análisis fue devastadora. El cáncer que parecía haber sido derrotado había encontrado un nuevo terreno de batalla: el cerebro de Ruby. Las metástasis en esta área delicada del cuerpo representaban un desafío aún mayor, llenando de incertidumbre y preocupación el camino que Ruby y su familia habían recorrido con tanto esfuerzo y esperanza. La noticia marcó un punto de inflexión en su historia, desencadenando una nueva etapa de lucha y resistencia ante la enfermedad que ahora se había extendido a un lugar tan crucial como el cerebro.

El esposo de Ruby enfrentó esta situación desafiante con una mezcla de determinación y fe inquebrantable. Desde el momento en que recibieron la noticia del cáncer, Harlet se convirtió en un pilar de fortaleza y apoyo para Ruby y sus hijos. Aunque la realidad era abrumadora y los desafíos parecían insuperables, su fe permaneció intacta, actuando como un faro de esperanza en medio de la oscuridad. La confianza que todos ellos tenían en Dios y la firme confianza en el poder de la oración se convirtieron en su refugio emocional y su guía en cada paso del camino.

Él, a través de sus acciones y palabras, demostró un compromiso inquebrantable con su familia, brindando consuelo, amor y una sensación de seguridad en medio de la incertidumbre. Su fe no solo fue un consuelo personal, sino que también se convirtió en un ejemplo inspirador para su familia, mostrando que incluso en los momentos más difíciles, la fe puede ser una fuerza poderosa que sostiene y fortalece el espíritu humano.

A pesar de todo eso, lamentablemente Ruby se encontró reviviendo nuevamente el proceso, esta vez con un peso aún mayor en su corazón: las dudas sobre el plan de Dios para su vida. A pesar de haber estado preparando a su familia para su eventual partida, una voz interna la instaba a aferrarse a la fe y la esperanza. Fue un periodo de lucha interna y reflexión profunda, donde las emociones encontradas se entrelazaban con la incertidumbre del futuro.

Con una nueva perspectiva de vida y un profundo agradecimiento, Ruby regresó a su hogar, rodeada del amor y el apoyo inquebrantable de su familia. Desde entonces, cada día es un regalo precioso que atesora junto a sus seres queridos. Su historia es un testimonio viviente del poder de la fe, la esperanza y el amor para superar incluso los desafíos más difíciles, recordándonos que, con fe en Dios y el amor de quienes nos rodean, ningún obstáculo es insuperable.

Con una expresión radiante en su rostro, Ruby concluye su relato con estas palabras conmovedoras: “He comprendido que la verdadera fe no se debilita ante la adversidad; al contrario, se fortalece. Cada día representa un regalo y una oportunidad para apreciar lo que realmente tiene valor en la vida. En este momento, agradezco cada instante, cada aliento, reconociendo que la esperanza y el amor son fundamentales para nuestra existencia. Mi experiencia es un recordatorio de que incluso en los momentos más oscuros, siempre existe una luz al final del camino, y debemos seguir avanzando con coraje y fe”.

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