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El Comunicador

La Ciénaga Grande resiste pese a los abusos del hombre
2 diciembre, 2025

La Ciénaga Grande resiste pese a los abusos del hombre

Pescadores de la cabecera municipal de Puebloviejo (Magdalena) aseguran que, aun habiendo muchos peces en la zona, si no se hace algo pronto para detener los atropellos que sufre la Ciénaga Grande de Santa Marta, en pocos años no habrá peces en el complejo lagunar más grande y biodiverso de Colombia.

Por Ómar Jiménez, Daniela Méndez y Valentina Vargas

La Ciénaga Grande de Santa Marta es el recurso hídrico más importante para los pueblos que la rodean y viven en ella, pues es catalogada como la laguna costera más productiva del Caribe Colombiano. Por mucho tiempo ha sido el templo de enormes cantidades de peces, aves, anfibios y una exuberante vegetación de mangle que habita en ella. Pero en los últimos años se evidencia una disminución en la producción de peces, al menos eso aseguran los pescadores, quienes culpan a sus coterráneos, a las nuevas modalidades de pesca y al desvío del cauce de los ríos para abastecer cultivos y obtener sus cosechas.

Iniciamos un recorrido por la memoria histórica de este maravilloso humedal, la cual pudimos obtener de los ancianos pescadores, muchos de ellos retirados, otros aún continúan realizando estas labores pesqueras a pesar de su avanzada edad, pues son la cabeza y el sostén de sus familias.

Según datos confirmados por el Área de gestión agropecuaria, pesquera y ambiental y los archivos que reposan en esa oficina, se pudo evidenciar que existen tres asociaciones de segundo nivel que son Asociénaga, Gran Pez y Asociación de Asociaciones de Pescadores, cuyos presidentes son Manuel Márquez, Cristóbal Navarro y Enrique Maldonado, respectivamente. A estas asociaciones están adscritas las asociaciones de primer nivel. También existe el Sindicato de Pescadores Artesanales del Municipio de Puebloviejo, liderado por Roberto Ruiz; además de asociaciones independientes, como Coopamup, Pensar en Grande y Asocaimán.

Actualmente hay aproximadamente 3.100 pescadores carnetizados por la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca AUNAP, estos se encuentran en asociaciones y otros independientes. Su lugar frecuente de pesca es la Ciénaga Grande y las costas del Mar Caribe. Sin embargo, durante una jornada de pesca en La Barra, puente de la troncal del Caribe que comunica al corregimiento de La Isla con la cabecera municipal, podemos encontrar docenas de pescadores que no se encuentran carnetizados, en su gran mayoría jóvenes con menos de diez años en la pesca, por lo que se presume que la población pesquera es más grande.

El hueco en el bolsillo de la pesca insostenible

Hasta comienzos de la década de los noventa se podían apreciar los corrales de pesca en La Ciénaga Grande de Santa Marta, hasta esa época solo se pescaba con atarraya y anzuelo. Los corrales eran conformados por varias embarcaciones realizando gráficamente un corral de cuatro puntas, que en medio del canto y golpes que le daban a las canoas con palos para llamar a los peces formaban un ritual de pesca; las atarrayas tenían tejidos de entre tres y cuatro pulgadas en el ancho de malla, lo cual permitía solo capturar a los peces más grandes, conservando el ciclo evolutivo de los peces.

Por esos años, La Ciénaga Grande de Santa Marta era rica en variedad de peces y moluscos, por una parte las corrientes de marea alta inundaban el humedal y los surtían de peces como sábalo, mojarra, róbalo chivo mozo, mapalé, macabi, coroncoro, jurel y lisa, entre otros. Este complejo lagunar fue epicentro de tiburones que entraban a desovar, por la extensa diversidad de sus aguas las toninas o madres tiburonas encontraban en la ciénaga un lugar ideal para dejar sus choyos o pequeños tiburones. Estos entraban sin ningún impedimento llevados por las altas corrientes del Mar Caribe.

Por otra parte, los ríos Fundación, Sevilla y Aracataca, los cuales desembocan en la Ciénaga, le proporcionaban otra variedad de peces y moluscos que aumentaban su productividad, especies como mero, ostras, camarón, bocachico, mojarra lora, entre otras, hasta caimanes y babillas. Esta mezcla de agua dulce y salada según la época del año poseía un PH diferente y un grado de salinidad con el que el pescador sabía qué tipo de peces podía encontrar por esa temporada; por ejemplo, en noviembre, tiempo de creciente, el agua está más dulce que salada, y aumenta la cantidad de mojarra lora.

Una carretera ‘asesina’

Posteriormente, con la construcción de la carretera denominada la Troncal del Caribe y mencionada en los textos inéditos del historiador Carlos Domínguez como La anaconda negra que atraviesa el corazón de la caimana fértil del Caribe, muchos peces provenientes del mar disminuyeron notablemente.

Hay quienes aseguran que la carretera no afecta a la ciénaga porque se le construyeron unos pasa tubos para que se siguieran mezclando las aguas; pero para la muestra un botón, el parque Isla de Salamanca se ha convertido en un triste desierto de Mangles.

Cincuenta maneras de morir si eres un pez

Más tarde, con la llegada de la red o trasmallo de pesca, lo que coloquialmente se conoce como mata parda, comenzó a sufrir más la ciénaga. Este estilo de pesca consiste en poner varios metros de mallas a lo largo del agua con un metro o metro y medio de alto, esto a fin de que los peces queden atrapados y luego de varias horas ir a revisar, haciendo la labor menos trabajosa.

Pero con la disminución de peces provenientes del mar y el aumento de pescadores con este sistema, se vieron obligados a reducir el ancho de la malla, bajó de cuatro pulgadas a dos y media o dos, para coger más pescado. Este estilo de pesca tiene una consecuencia negativa. Resulta que todo el pescado que quede atrapado en la malla debe ser llevado al bote, pues luego de varias horas atrapados, como es lógico, los peces mueren y los más pequeños no pueden ser devueltos al agua para que sigan su ciclo de crecimiento.

Se han conocido historias contadas en reuniones de pescadores como la de Francisco Torres, quien asegura que “cuando llegó boliche al pueblo, era tanta la cantidad de pescado que cogían los de Tasajera, hasta con mata parada, que el pescado que no se lograba vender era enterrado en pozos en un barrio que queda por el peaje que le dicen ‘Aguas Vivas’, y eran cantidades de pescado, grande y pequeño… había de toda clase”.

Cosa que no pasa con la atarraya porque los peces pequeños son devueltos al agua minutos después de ser capturados. Por si esto fuera poco, implementan una nueva forma de pesca que solo era usada en el mar, por la cantidad de peces que había. El boliche es un estilo de pesca que arrastra con todo lo que caiga en sus redes, igual que la manta parada son muchos metros de malla, pero esta vez no van paradas sino en movimiento por toda la ciénaga sin discriminación de tamaño, dejando muy poca probabilidad de peces para los pescadores con atarraya, quienes llevan la peor parte.

Hoy en día son pocos los pescadores con atarraya que logran realizar pescas vendidas por más de cincuenta mil pesos en un día de trabajo; esto para el atarrayero y el piloto de la embarcación, los cuales en muchas ocasiones deben pagar tres mil pesos por el alquiler de la canoa. Eso sin contar los días malos en los que solo se hacen diez mil pesos y pagando los tres mil pesos solo les quedan siete mil pesos, lo que dividido entre dos da como resultado tres mil quinientos pesos para cada uno.

“Muchos de los que eran pescadores con atarraya ahora se han puesto a bolinchar, pero mayormente en Tasajera y El Morro, esa gente… hasta en la noche se escucha el maltrato con esos animales”.

José Márquez, pescador residente en la cabecera municipal mencionó que: “Este año ha sido malo, primero porque la pandemia no deja que uno salga a pescar y si uno pescaba no había quién le comprara el producto porque los mercados estaban cerrados, pero desde hace rato la pesca está mala ya no es lo mismo de antes”.

De igual forma, el señor Nectalí Mariano, quien lleva más de cuarenta pescando en la ciénaga, asevera que “la verdad es que antes había más pescadores, pero todos eran con pura atarraya, ahora todo es con el boliche ese y las mantas, y muchos de los que eran pescadores con atarraya ahora se han puesto a bolinchar, pero mayormente en Tasajera y El Morro, esa gente… hasta en la noche se escucha el maltrato con esos animales. Eso es un desorden”.

El río, instrumento de las élites

El hombre de la Ciénaga y la Troncal de Caribe no es lo único que le hace daño al humedal, que también sufre por los constantes desvíos de los cauces que le alimentan. Los ganaderos y cultivadores, principalmente los grandes terratenientes del Magdalena con poder político, son quienes hoy están causando la sedimentación de la ciénaga, dejándola con muy poco oxígeno.

La doctora en Ecología y Medio Ambiente y decana de la Facultad de Ciencias Básicas de la Universidad del Magdalena, Sandra Vilardy, explica que si bien el río Magdalena es el que más agua dulce aporta al complejo lagunar a través de los caños Aguas Negras, Renegado y Clarín, la calidad del agua de los ríos Fundación, Aracataca, Tucurinca, Sevilla y Frío es mayor y por ser corrientes frías, con más oxigenación y velocidad permiten la dilución de los sedimentos; además, evitan la salinización de los suelos y de los sistemas acuáticos.

No obstante, estos cinco ríos no están llegando con los caudales suficientes a la Ciénaga Grande de Santa Marta, sobre todo en las épocas de sequía, debido a la instalación de talanqueras para intentar desviar sus cauces y a la captación ilegal de sus aguas por fincas de banano y palma africana que la usan para el riego de cultivos, lo que genera no sólo afectaciones ambientales, sino también sociales.

“Yo que he podido subir por el río en lancha me doy cuenta del poco de agua que se cogen y eso es un recurso para todos los seres humanos, es un regalo de Dios para todos, no para unos cuantos”.

Constancio Lara, dueño de una empresa de turismo que realiza viajes náuticos por toda la ciénaga desde hace más de treinta años aseguró que “durante los años que llevo recorriendo esta zona, nunca había visto tan seca la ciénaga; ahora uno va a las bocatomas de los ríos y está tan seco que los turistas se pueden bañar, cosa que antes no se podía por la fuerza y la profundidad del río. Yo que he podido subir por el río en lancha me doy cuenta del poco de agua que se cogen y eso es un recurso para todos los seres humanos, es un regalo de Dios para todos, no para unos cuantos”.

Uno de los problemas más frecuentes de la sedimentación de la ciénaga es la mortandad de peces por falta de oxígeno. El Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar) y la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Corpamag) reconocieron que la mortandad de peces, generada por la falta de oxígeno, es provocada por la fuerte sequía que atravesaba la región Caribe, pero no mencionaron nada sobre las talanqueras.

Al estar navegando por estas aguas, basta con sumergir la mano en ella para probarla y comprobar lo salada que está durante el primer semestre del año, pero al pasar varias horas dentro del humedal puedes sentir en tu garganta la resequedad producida por la concentración de sal, debido a que el mayor flujo de agua que ingresa a la laguna es por parte del Mar Caribe con la marea alta y que solo se hace posible gracias al encuentro del mar mencionado y la ciénaga a la altura del puente La Barra.

Comida para los criaderos, ¡cueste lo que cueste!

Por último, pero no menos importante, debemos mencionar el nefasto incremento de criaderos o cultivos de peces por todo el municipio de Puebloviejo, presentándose con mayor influencia en el corregimiento de Tasajera. Estos cultivos necesitan de alimentación para más de seiscientos sábalos por corral, en los que cada criadero puede tener mínimo tres y cuatro corrales; alrededor de mil quinientos y mil ochocientos peces deben ser alimentados dos o tres veces al día.

Inicialmente se alimentaban con cáscaras o conchas de camarón que conseguían con los vendedores de camarón como desperdicio o basura para ellos, pero el resultado a seis meses no era el esperado, lo peces no tenían el tamaño ni el peso ideal para su comercialización, por lo que los dueños de estos criaderos optaron por alimentarlos con sardina, peces que no son de consumo para los habitantes del municipio, grandes cardúmenes de sardinas eran el alimento para una población de cerca de doscientos criaderos, aumentando cada vez más en el municipio.

Sócrates Márquez, exsoldado profesional del Ejército de los colombianos desde hace más de cinco años es propietario de un criadero de sábalo que logró crear con dineros provenientes de su liquidación como militar. Él afirma que “cada quien busca como puede el alimento para su familia y esta es la forma que uno ha encontrado para sobrevivir, además esto no es de gratis, uno tiene que hacer una inversión, comprar la madera, el techo y esto no es seguro porque nadie te garantiza a ti que no te van a robar el pescado. De aquí dependen muchas familias, no solo la mía… está el señor que cuida, las personas que me compren el pescado, entonces todo eso un proceso, aquí el Gobierno lo tiene abandonado a uno y uno tiene que sobrevivir como pueda”.

“La sardina, al igual que los demás peces, también se da por temporada, por lo que cuando no hay se ven obligados a pescar todo tipo de peces pequeños para alimentar los criaderos de sábalo”.

A pesar de los constantes atropellos a los que es sometida la ciénaga por parte de La troncal del Caribe, los pescadores que en medio de su inconsciencia captan los peces semillas deteriorando el proceso evolutivo de la ciénaga, la sedimentación por el desvío del cauce de los ríos y la creciente construcción de criaderos de sábado hoy la ciénaga sigue produciendo más peces como afirma el señor Constancio Lara.

“Vea, yo llevo más de cincuenta años viviendo en este municipio, y yo no había visto tanto pescado antes como ahora, que hay más pescadores con chinchorro, con boliche y eso todo el tiempo están pescando de día y de noche. El pescado está pequeño, pero todo el mundo pesca y coge pescado, con tanta cantidad de trasmallo que tiran en la ciénaga, si no hubiera pescado fueran pocos los que cogiera, pero todo el mundo lleva su pescado para su casa y para vender”, comenta el veterano pescador.

Por su parte, el señor Nectalí Mariano también asegura que “con tanto maltrato a la ciénaga yo no me explico todavía de dónde sale tanto pescado, ayer que fui a pescar con Joche, cogimos un poco de mojarras, se está cogiendo bastante mojarra, bueno mojarra pequeñita, pero yo no sé dónde sale tanto pescado con tanto maltrato que hay”. De igual forma se pueden apreciar a diario en el mercadito de Tasajera muchos vendedores y compradores de pescados quienes a pesar de su reducido tamaño compran y venden los peces de la ciénaga.

La Ciénaga Grande de Santa Marta es el mayor recurso hídrico para los pueblos del Magdalena y, aunque por décadas ha sufrido diversos tipos de maltrato ambiental por parte de pescadores inconscientes, por la falta de oxígeno debido a la poca cantidad de agua que llega de los ríos, por la mano despiadada de los grandes ganaderos y por la indiscriminada pesca de peces pequeños para alimentar los criaderos, esta ciénaga resiste y sigue siendo el sostén de cientos de familias y el hábitat que, contra viento y marea, abraza la riqueza de una gran fauna y flora.

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