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El Comunicador

Feminismos e interseccionalidad en el Caribe colombiano: las voces diversas de la región
3 diciembre, 2025

Feminismos e interseccionalidad en el Caribe colombiano: las voces diversas de la región

Esta investigación periodística explica cómo el enfoque interseccional en el feminismo reconoce las desigualdades dentro de las categorías sociales construidas, entendiendo que no todas las luchas son las mismas.

Por Selena Jiménez Gómez, Ana Lucía Mestre Polo, Jina Peralta Feria y Solmerys Martínez Palmera

“El feminismo es mucho más que un discurso popularizado. De hecho, al decir “el feminismo”, de alguna manera, nos quedamos cortos, porque en la sociedad hay tantos feminismos, como tipos de discriminación y opresión”. Chimamanda Ngozi Adichie, en su discurso titulado Todos deberíamos ser feministas, evoca una anécdota en particular: cuando tenía 14 años, su amigo Okuloma la miró y le dijo “¿Sabes que eres feminista?” y ella tomó esto más bien como una ofensa; sintió que la pregunta de su amigo tenía un mensaje implícito, pues la formuló con el mismo tono de voz que se cuestionaría a una persona por apoyar actos terroristas. Esto ocurrió en el año 1991, aproximadamente. Hoy, después de 34 años, se repite constantemente la historia de Chimamanda, protagonizada por personas que apoyan la igualdad de derechos entre hombres y mujeres –incluyendo la libertad de expresión y los derechos sexuales y reproductivos– pero no se autodenominan feministas por no tener que lidiar con etiquetas radicales impuestas por la sociedad… o porque no saben exactamente qué significa la palabra “feminista”, y nadie quiere autodescribirse con un término que no conoce.

En cualquiera de los casos, es muy probable que esta noción del feminismo esté influenciada por lo que se muestra en los medios de comunicación; los discursos y acciones que obedecen a un feminismo hegemónico y euro-centrista, que se enfoca solo en luchar en contra de opresiones sexistas, dejando de lado la necesidad de reivindicación de mujeres oprimidas por su raza, clase, orientación sexual, discapacidades físicas, entre otras categorías sociales. Pero la realidad es completamente distinta. El feminismo es mucho más que un discurso popularizado. De hecho, al decir “el feminismo”, de alguna manera, nos quedamos cortos, porque en la sociedad hay tantos feminismos, como tipos de discriminación y opresión.

A esto se hace referencia cuando se habla de interseccionalidad; al hecho de que una mujer, además de ser oprimida por el sistema patriarcal machista, también puede estar siendo discriminada por su raza u orientación sexual. Una mujer puede ser indígena, transexual y empobrecida y, por ende, ser víctima de varios ejes de opresión de manera simultánea.

Quizás a esto se refería Samantha Castro, estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad del Norte y líder del grupo “FeminUN”, en Barranquilla, cuando afirmó que el feminismo debe ser interseccional, sobre todo en el contexto del Caribe colombiano, teniendo en cuenta que esta es una región diversa, respecto al hecho de que, en su población, estén presentes raíces nativas, africanas, europeas, entre otras.

En ese sentido, el enfoque interseccional en el feminismo reconoce todas las desigualdades dentro de las categorías sociales construidas, entendiendo que no todas las luchas son las mismas. “No puedes comparar a dos mujeres barranquilleras si no tienes en cuenta su color, religión, estrato social, etc.”, expresó Samantha, en relación con el enfoque interseccional de Kimberlé Crenshaw, quien reafirmó el error de comparar la lucha de una mujer blanca, estadounidense y adinerada, con la lucha de una mujer negra y de estrato bajo. No se pueden comparar porque sus luchas no son las mismas.

Ya entendido el concepto de interseccionalidad en el feminismo, ¿se puede reconocer el feminismo en el Caribe colombiano como interseccional? Para llegar a una posible conclusión, es importante mencionar que, de manera universal, existen imaginarios colectivos que interpretan el feminismo como una lucha extremista, que pretende jerarquizar géneros, imponiendo a la mujer en una dimensión superior. Estos son solo estereotipos construidos de manera injusta, que distorsionan las luchas reales de la mayoría de los grupos, movimientos u colectivos feministas.

Esto no quiere decir que no existan grupos que, en sus luchas, sus discursos sean contradictorios y terminen excluyendo a grupos de mujeres que también necesitan ser incluidas en procesos de reivindicación. Sin embargo, en el Caribe colombiano, y en Latinoamérica en general, no pueden tener lugar este tipo de discursos porque, como lo expresó Ochy Curiel, activista feminista dominicana, en una entrevista para el diario France24, “los feminismos en la región deben ser descoloniales, antirracistas y anti-sexistas. Si no son así, carecerían de eficiencia”.

Las primeras voces del feminismo en Colombia

En Colombia –y en América Latina en general– se puede hablar de feminismo desde 1970, aproximadamente. A partir de esta época, en la región inició lo que hoy se considera “la nueva ola del feminismo”, caracterizada por la consolidación de grupos de mujeres que manifestaron su rechazo, crítica y desconfianza hacia las entidades del estado, la iglesia y todos los espacios donde se subordina a la mujer, debido a que impera el sistema patriarcal/machista. Este rechazo, probablemente, estuvo relacionado con ideologías de izquierda que, en los años setenta, empezaron a circular en universidades, sindicatos de trabajadores y otros espacios de ciudadanos que manifestaban inconformidades relacionadas con la desigualdad e irrespeto a sus derechos.1

En esa época, los grupos de mujeres se caracterizaron por ser pequeños, informales y aislados. Sin embargo, en el transcurso de la década de los años ochenta, fueron creciendo de manera considerable en las ciudades principales del país, incorporando diversos factores, referentes a clase, raza, etnia, orientación sexual, corriente política, entre otros. En la actualidad, a nivel global, se vive un estallido feminista y, a nivel nacional, los grupos de mujeres cada día tienen mayor incidencia en la sociedad.2

“El feminismo entró a Colombia a través de los sindicatos. Indiscutiblemente, los sindicatos fueron los primeros en hablar sobre los derechos de las mujeres, partiendo desde los derechos laborales”. Liseth Rodríguez López, coordinadora de la Iniciativa de Mujeres colombianas por la Paz (IMP), en la región Caribe, reconoce, además, que la ratificación en Colombia, en el año 1981, del tratado de La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, también es un referente importante en la lucha de las mujeres en Colombia y América Latina.

El rechazo a la cultura patriarcal dominante en la región

El Caribe colombiano es una de las regiones donde, a nivel nacional, es evidente la cultura patriarcal dominante, con comportamientos machistas interiorizados, incluso en las mujeres. Muchas de las líderes feministas de esta región sienten que su lucha por los derechos de la mujer fue motivada por el rechazo a los comportamientos propios de la cultura patriarcal, presentes en sus familias u hogares.

“Mi lucha parte desde mi casa. A mí me costaba mucho escuchar las historias de mi mamá. Ella no estudió porque la educaron para servir. La mandaron a una escuela donde la enseñaban a lavar la loza… a cocinar. Eso fue uno de los detonantes. Desde ahí dije ‘no voy a encajar en eso, mi perspectiva es diferente’”. Hoy Liseth Rodríguez, además de luchar por deconstruir este tipo de comportamientos desde su espacio poblacional, siendo este Ciénaga, Magdalena, también ha dedicado parte de su vida profesional a la documentación de casos de víctimas de violencia sexual, ocurridos en el contexto del conflicto armado en Colombia.

En la mayoría de estos casos registrados a nivel nacional, las mujeres, además de haber sido víctimas de violencia sexual, también fueron revictimizadas por el estigma social. “Era algo de lo que las mujeres nunca querían hablar porque se comprometía su intimidad. Era algo vergonzoso para ellas decir que fueron violadas porque, en nuestra sociedad, es común que se piense que una mujer que fue abusada ya es una mujer de segunda o tercera categoría”.

Movimiento feminista en Barranquilla. Foto: Sherick Barros

En ese sentido, la Lucha de Liseth Rodríguez trascendió a logros en el ámbito judicial, partiendo de que, desde el movimiento de mujeres, se lograra el establecimiento de la ley 1719 de 2014, que tiene por objeto la adopción de medidas para garantizar el derecho de acceso a la justicia de las víctimas de violencia sexual, en especial de la violencia sexual asociada al conflicto armado interno.3 Este proceso fue indispensable para lograr también la ley 1257, del 2018, que tiene por objeto la adopción de normas que permitan garantizar para todas las mujeres una vida libre de violencia, tanto en el ámbito público como en el privado.4 “Creo que cada vez que alzamos la voz, podemos unirnos en favor de lograr esa igualdad y esa equidad que nosotras las mujeres buscamos históricamente. Esto enorgullece a todas las que estamos en el movimiento”.

En el contexto del Caribe colombiano, para saber si el feminismo incluye un enfoque interseccional, es necesario tener conocimiento sobre qué están haciendo cada uno de los grupos o colectivos feministas presentes en la región y, a partir de ahí, analizar de qué manera están incidiendo sus luchas en la sociedad. Para tener una noción lo más aproximada posible a la realidad de la situación, se contactó a mujeres líderes de algunos de los grupos feministas que tienen mayor reconocimiento en el Caribe. 

Colectivos feministas populares

Barranquilla es una de las ciudades de la costa Caribe colombiana donde los grupos o colectivos feministas se han tomado más espacios. En esta ciudad, grupos de mujeres de diferentes entidades y localidades (Suroccidente, Suroriente, Norte-Centro Histórico, Ciudadela Metropolitana y Riomar) se han consolidado como activistas, nombrando a sus colectivos con nombres representativos a sus luchas. Incluso, en fechas conmemorativas, como el 8M de cada año, Barranquilla se convierte en punto de encuentro de grupos o colectivos de municipios aledaños. En estos espacios convergen diversos tipos de feminismos, entre estos, radicales, liberales, académicos, populares y LBT.

El Colectivo de Mujeres Policarpa Salavarrieta es un grupo feminista popular, que se consolidó formalmente en el año 2016. Desde entonces, sus integrantes empezaron direccionado su lucha hacia la implementación del enfoque de género en espacios académicos, como la Universidad del Atlántico. Con el paso de los años, las integrantes del colectivo integraron a su agenda actividades informativas, con el propósito de deconstruir comportamientos machistas interiorizados.

En el contexto de la pandemia, el Colectivo de Mujeres Policarpa Salavarrieta tomó la iniciativa de mantener sus actividades desde la virtualidad, programando conversatorios sobre temas de género, violencia basada en género, aborto legal, entre otros temas. Además, incrementó su interacción con mujeres y grupos de mujeres a través de sus plataformas digitales, incluso usando estos medios para realizar denuncias públicas sobre casos de abusos, desapariciones, feminicidios y violencia de género de cualquier tipo, ocurridos en la región y en el resto del país.

Actualmente, este colectivo, junto a otros grupos feministas populares, como la Escuela Popular del Bosque, el Colectivo 8M Barranquilla, la Fundación matronas, la Batucada Feminista, entre otros, retomaron actividades presenciales, desarrollando proyectos de pedagogía sobre temas de género y aumentando vínculos de solidaridad entre mujeres, o sororidad. Además, durante el Paro Nacional 2021, estos colectivos feministas populares han unificado sus luchas, con la finalidad de conformar “bloques” feministas dentro de las manifestaciones. Incluso, se han trasladado hasta barrios populares de Barranquilla y Soledad, con el propósito de lograr tener incidencia en las comunidades, respecto a la participación de las mujeres en el contexto del Paro Nacional.

Raras no tan raras

La discriminación, el acoso callejero y los estereotipos con los que deben lidiar las mujeres lesbianas, bisexuales y transexuales son muy frecuentes y están arraigados en la sociedad de Barranquilla y Colombia en general. Solo con el hecho de caminar por la ciudad siendo ellas mismas, o demostrarle afecto a su pareja en público, pueden convertirse en el blanco de agresiones verbales y hasta físicas. En nuestra sociedad, machista y patriarcal, las mujeres lesbianas, bisexuales y transexuales aún no son plenamente libres…aún siguen siendo catalogadas de raras, entre otras etiquetas despectivas.

Un día, en el año 2018, un grupo de “raras” decidieron ejecutar un proyecto en alianza con Vokaribe Radio, llamado “Raras no tan raras, voces de mujeres lesbianas bisexuales y trans en la radio comunitaria”. En una entrevista para el diario El Heraldo, Vivian Cuello, integrante de “las raras”, evocó el inicio del proyecto, explicando que consistía en realizar cápsulas radiales de sensibilización de las problemáticas a las que se enfrentan las mujeres lesbianas, bisexuales y transexuales en nuestra sociedad. Dos meses después el proyecto logró generar tanta identidad entre mujeres LBT, que 20 mujeres conformaron el grupo Raras no tan raras. El 8 de marzo de ese mismo año, en la galería de la Plaza de la Paz, durante la celebración del Día Internacional de la Mujer, “las raras” leyeron su manifiesto y se presentaron oficialmente como colectiva.

Como el arte en contextos de opresión se convierte en una manifestación de resistencia, muchos grupos feministas han recurrido a la danza, el teatro, la música, la pintura, entre otras manifestaciones, con el propósito de emitir mensajes de necesidad de cambios. En el contexto del Caribe colombiano, la Colectiva Raras no tan raras ha ganado reconocimiento en las presentaciones públicas de arte, particularmente de danzas y folclor. Actualmente, “Las raras del folclor” son reconocidas en Barranquilla por su danza y sus polleras de arcoíris. Cuando se toman espacios públicos, realizan presentaciones y performances que pretenden deconstruir los comportamientos machistas interiorizados en nuestra sociedad. Al mismo tiempo, mantienen la continuidad de un proceso que Vivian Cuello describe como la resignificación de la palabra “raras” y, con esto, su reivindicación; decir que sí son raras y diferentes…como todos. 

“Queremos mostrar que este tipo de relacionamientos sexoafectivas entre mujeres existen; son válidas y son normales, y que, al fin y al cabo, es como queremos ser percibidas algún día”.

Mujeres sin fronteras

La historia de Zuneyka González es sinónimo de resistencia y reivindicación. Puede ser incluso inspiradora para mujeres que, de algún modo, han estado oprimidas por cualquier tipo de sistemas. En el caso de ella, fue el sistema político de su país el que, de manera progresiva, marginó sus derechos y los derechos del pueblo en general. A través del abuso de poder, la distribución desigual de recursos y la falta de garantías en cuanto al respeto por la vida y los derechos humanos, cada día aumentó más la incertidumbre en el pueblo venezolano, obligando a los ciudadanos a emigrar, dando lugar a lo que hoy se conoce como el mayor éxodo de la historia latinoamericana.

Zuneyka llegó a Barranquilla el seis de diciembre de 2015, con el anhelo de hallar un mejor futuro para ella y para su hija, quien, en ese momento, tenía pocos meses de nacida. A pesar de tener la determinación de empezar una nueva vida, reconoce que el proceso fue complejo, debido a que, cuando se trata de empezar desde cero, la realidad puede tornarse tosca.

Debido a ese choque con la realidad, Zuneyka sintió la necesidad de tener contacto con migrantes venezolanos que, como ella, también estuviesen viviendo el proceso de adaptación a una nueva vida. Sin embargo, no encontró en redes sociales un grupo con estas características. Por ende, decidió asumir ella el rol de activista venezolana que, a través de una plataforma digital, pudiese generar sentimientos de unidad, protección y orientación a sus compatriotas asentados en Barranquilla. El proyecto inició siendo un grupo en la red social Facebook, llamado “venezolanos unidos en Barraquilla”. “La idea era que, cuando ingresaran a mi página, encontraran información de interés sobre los migrantes. Luego empecé a publicar otro tipo de información, como aplicaciones que sirven para movilizarte en Colombia. En lo que me basé fue que, así como yo me siento, como lo estoy viviendo, hay personas que también están experimentando lo mismo”.

La iniciativa de “venezolanos unidos en Barranquilla” dio lugar a que la Organización de las Naciones Unidas se pusiera en contacto con Zuneyka y le brindara apoyo en su proyecto, hasta la actualidad. Sin embargo, Zuneyka decidió replantear su lucha y orientarla hacia la consolidación de un movimiento social de mujeres venezolanas y colombianas retornadas, llamado “Fundación Mujeres sin Fronteras”. “Más allá de realizar un trabajo social con la población venezolana, es buscar la manera de que se empoderen…no solo en lo económico, sino en lo social y en lo cultural”.

Actualmente, la Fundación Mujeres sin Fronteras es una organización formal, desde la cual se realizan procesos relacionados con asistencia a la mujer y, a través de la pedagogía, trabajan en la deconstrucción de comportamientos o roles de genero arraigados en la sociedad, que han dado lugar al incremento de violencia hacia la mujer. “Lo primero que nosotros hemos realizado como actividad, son unos talleres que buscan prevenir la violencia de género…lograr que las mujeres puedan identificar qué tipos de violencia existen y a dónde deben dirigirse, en caso de ser víctimas”.

A pesar de que Zuneyka esté dedicando su lucha a la reivindicación de un grupo determinado de mujeres, enfatiza en que no se autodenomina feminista, debido a que, para ella, el término puede aludir a luchas radicales con las que ella no se identifica, como lo es el caso de la lucha por el aborto legal y seguro. “No estoy de acuerdo es con el tema del aborto (…) tenemos derecho sobre nuestro cuerpo, pero creo que el mensaje no se está dando de la manera correcta”. Siendo así, la Fundación Mujeres sin Fronteras se ajusta más al concepto de movimiento social de mujeres; no es feminista, pero su lucha está orientada a la reivindicación de la mujer en la sociedad.

Feminismo y academia

Durante los meses de aislamiento social obligatorio, en el 2020, surgieron iniciativas integradas por buenas prácticas que, actualmente, después de un año, siguen vigentes y tomando más fuerza en la sociedad. En Barranquilla, FeminUN surgió en ese contexto. A partir de una clase con una docente de la Universidad del Norte, Samantha Castro, de 20 años, decidió tomar la iniciativa de crear un grupo feminista con enfoque académico. El proyecto inició en redes sociales y los seguidores fueron aumentando de manera progresiva. “Somos gente joven (…) nuestro grupo es de todas las carreras: derecho, biología, psicología, relaciones internacionales, ingeniería…Aquí hay de todo y, sobre todo, reconocemos la diversidad”,

Los grupos feministas con enfoque académico cumplen una función relevante dentro de la lucha por la reivindicación de la mujer en la sociedad, pues, el estudio de la teoría puede incidir en la práctica social y en la deconstrucción de comportamientos que obedecen a la cultura patriarcal – machista. En el caso de FeminUN, el grupo se centra en investigar, consultar cifras y estudiar teorías, como la de Kimberlé Crenchaw sobre interseccionalidad, reconociendo todos los tipos de opresión presentes en la sociedad y, a partir de ahí, desarrollar talleres y clases sobre el tema, donde todos sientan que tienen un espacio para expresar su opinión.

En el Caribe colombiano, el feminismo con enfoque académico puede representar el reconocimiento de las intersecciones y los diferentes tipos de opresión hacia la mujer en la sociedad, debido a que, estos grupos, naturalmente, conocen las teorías planteadas en la historia del feminismo y, consecuentemente, pueden hablar de feminismos desde una perspectiva más integral e incluyente. Es decir, el feminismo académico, reconociendo todos los tipos de opresión que subordinan a la mujer en todas las dimensiones de tipo social, de algún modo, adoptan el marco teórico de la interseccionalidad, pues, si se estudia el feminismo, se deben reconocer todas las luchas.

A pesar de que FeminUN sea un grupo feminista relativamente nuevo, su trabajo ya tiene reconocimiento entre los grupos feministas de Barranquilla, y su cualidad de ser un grupo diverso, integrado incluso por hombres, lo hace muy particular. Estos grupos con nuevos enfoques permiten que el movimiento feminista de la ciudad y el Caribe colombiano en general sea cada vez más integral y mantenga su fuerza a través de la participación de nuevas voces feministas. “En barranquilla, realmente pocos son visibilizados o pocos tiene el alcance que debería tener un grupo feminista. Entonces, primero, aplaudo a las mujeres que están en la lucha y, segundo, creo que merecen mayor reconocimiento. Por lo general, los medios de comunicación se enfocan en el ocho de marzo, pero ¿Qué pasa en el resto de los días? Es como si en el resto de los días no nos mataran, no nos violaran, no existiera el acoso laboral o el resto de las problemáticas no existieran”.

Organizaciones con incidencia política y enfoque de género

Encarnación Jiobana Polo, conocida en Ciénaga, Magdalena como “Pochy” Polo, es la encargada de la Oficina de la Mujer en este municipio. Esta entidad, naturalmente, maneja el enfoque de género y les brinda acompañamiento a las mujeres víctimas de violencia de cualquier índole, ya sea física, psicológica, patrimonial o económica. Para “Pochy”, desde los grupos feministas o colectivos de mujeres se está haciendo una labor importante en el proceso de reconocimiento de vulneración de derechos de las mujeres, incluyendo los casos de violencia basada en género: “(…) creo que ellas son un pilar en todo este proceso, para que cada mujer que se sienta víctima, no solamente de violencia, se sienta apoyada por su grupo o colectivo y denuncie.”

Además de acompañar a las mujeres víctimas de violencia, desde la Oficina de la Mujer de Ciénaga, Magdalena – y de otros municipios en el país – también se apoya a las mujeres en procesos de empoderamiento y asesorías a grupos de mujeres que deciden emprender o hacer escuchar su voz. Incluso, desde esta entidad, también se trabaja por deconstruir el imaginario colectivo que normaliza los casos de violencia basada en género y les impide a las víctimas denunciar. “Cuando las víctimas se acercan a la oficina saben que, desde la oficina, se tiene que enrutar a una denuncia y, en ocasiones, las mujeres se acercan y expresan que han sido maltratadas pero que no quieren denunciara su pareja o a su agresor.”

Es importante mencionar que la Oficina de la Mujer es una entidad creada en el 2009 por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, con el propósito de incorporar la perspectiva de género en la planificación institucional y procesos internos. Actualmente, tiene sedes en varios municipios y ciudades del territorio nacional. Pero, a pesar de que su consolidación represente un avance en el proceso de establecer la equidad de género en Colombia, no garantiza justicia en los casos de violación de los derechos de las mujeres.

Con esto se hace referencia a que, en algunos casos – sobre todo en los casos de violencia basada en género – las víctimas toman la decisión de denunciar y tienen que someterse a un proceso jurídico engorroso, debido a que los casos pueden tomar años en resolverse y, mientras tanto, el agresor sigue libre y sin recibir su condena. “La región Caribe, en la mayoría de los municipios, cuentan con un enlace de la mujer que los llevan a hasta las Oficinas de la Mujer o Secretaría de la Mujer, pero, a veces, los procesos son muy lentos, sobre todo en la parte jurídica. Cuando se llega a la Fiscalía, los procesos quedan estancados y las mujeres también se quejan porque no solamente es denunciar, sino que el agresor tenga su condena.” Según funcionarias de la Oficina de la Mujer, cuando esto ocurre, las mujeres pueden llegar a sentirse revictimizadas, debido a que se les siguen vulnerando sus derechos.

A pocos kilómetros de Ciénaga, reside Oriana Camargo Perea, integrante de la ONG Artemisas, en Santa Marta. En el caso de ella, fueron las inconformidades personales las que la motivaron a hacer parte de espacios feministas, pues reconoce que ha experimentado, desde su hogar, prácticas propias de un sistema patriarcal-machista interiorizado, guardando un poco de relación con la experiencia de Liseth Rodríguez. “En mi vida personal, dos cosas me motivan a luchar cada día desde los feminismos: la primera, mi intención y decisión personal de no querer tener hijos… es una decisión difícil de llevar al ámbito familiar y tener que afrontar los señalamientos que puedes recibir al manifestar algo así. Y, la segunda, la inequidad al interior de mi familia, en las labores de cuidado y en las decisiones personales. Mi hermano varón ha tenido algunos privilegios por ser hombre, como el no tener que desempeñar ninguna labor de cuidado y el poder hacer con su vida sexual lo que quiera, sin restricciones.”

A sus 30 años, Oriana, en la Organización Artemisas, realiza labores de trabajo en red, con la finalidad de construir redes solidarias y afectivas en la región, que trabajen para el posicionamiento, visibilización, ampliación e irrupción de agendas feministas a través de un enfoque micropolítico y macropolítico. En ese sentido, para ella, el feminismo cumple un papel fundamental en la dimensión política de la sociedad, principalmente en el establecimiento de políticas públicas igualitarias. Solo a través de movimientos feministas ha sido posible obtener grandes logros, como llegar a espacios de poder, participación y gestión pública. A partir de causas estructurales, como la violencia basada en género, los grupos o colectivos feministas han logrado el establecimiento de leyes que penalizan el feminicidio, como la Ley Rosa Elvira Cely.

Tener incidencia en aspectos jurídicos, desde el feminismo, es un logro relevante dentro de la lucha por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Si embargo, el proceso de cambio apenas empieza; la realidad es que la lucha feminista tiene grandes retos por cumplir en el país, sobre todo en cuanto a la dimensión sociopolítica. Con esto se hace referencia a situaciones como la participación minoritaria de mujeres en espacios públicos y, consecuentemente, la falta de enfoque de género en entidades gubernamentales, que consideren y satisfagan las demandas y apuestas de las mujeres en el territorio nacional.

“Aún hay retos importantes en el marco normativo, pero, también, en los procesos pedagógicos. Es necesario impulsar en la sociedad esa idea de que las mujeres también podemos llegar al poder, de que también tenemos las capacidades, habilidades, conocimientos y formación académica para llegar a esos espacios”. Dentro de los procesos pedagógicos, Oriana resalta la importancia de educar sobre prácticas arraigadas en la sociedad, como la división social del trabajo, que han ubicado a las mujeres en el espacio doméstico y a los hombres en espacios públicos y privados donde se encargan de la toma de decisiones importantes.

La primavera feminista

En el Caribe colombiano, durante la última década, las diversas voces del feminismo se han levantado con mayor fuerza y capacidad de incidir en la sociedad, cambiando percepciones e imaginarios colectivos, incluyendo a más mujeres en las luchas. Es cierto que cada uno de estos grupos feministas o movimientos sociales de mujeres merecen más reconocimiento, tanto a nivel regional, como nacional, pues el feminismo en Colombia aún no alcanza los niveles de incidencia que tienen estos grupos en países como España, Estados Unidos, entre otros. Sin embargo, el hecho de que grupos feministas se levanten en la costa Caribe significa un logro en la lucha de las mujeres, debido a que la cultura de esta región ha dado lugar a la interiorización de muchos comportamientos machistas que, entre sus aspectos negativos, suelen etiquetar a las luchas feministas con estigmas radicales.

“El movimiento feminista hoy, en 2021, se encuentra ante una gran primavera…un importante resurgir, que las nuevas generaciones han impulsado, las mujeres más jóvenes, entre los dieciséis y veinte años, quienes le han inyectado toda esa fuerza, creatividad, y empeño al movimiento. Hoy hay chicas muy jóvenes que ya se cuestionan sobre lo roles y estereotipos de género, la limitación y exclusión que esta sociedad ha demarcado para ellas…es innegable que eso ha cambiado, que hoy las mujeres podemos plantearnos avances importantes, derechos y triunfos importantes en diferentes aspectos de nuestra vida; en el ámbito académico, político, en la constitución sociofamiliar…Hoy las mujeres tenemos más libertad en nuestro cuerpo, gracias al movimiento feminista…hoy podemos acceder a la universidad y a distintas carreras, gracias al movimiento feminista; también podemos participar en los movimientos y escenarios políticos a los que se nos había negado”.  De esta manera, Oriana Camargo Perea, reconoce los logros del feminismo hasta la actualidad y los cambios reales que pueden devenir si se mantiene la lucha desde todos los tipos de feminismos… si se reconoce la diversidad dentro del movimiento y se abordan las luchas de las mujeres trans, negras, indígenas, pobres, radicales, académicas, entre otras, en la misma medida… desde un enfoque interseccional.

Referencias bibliográficas

  1. Lamus-Canavate, D. (2009). Movimiento feminista o movimiento de mujeres en Colombia. ↩︎
  2. Lamus-Canavate, D. (2009). Movimiento feminista o movimiento de mujeres en Colombia. ↩︎
  3. Documentos para Ley de Víctimas. ↩︎
  4. Secretaría Senado. ↩︎
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