El poder de agradecer: un detalle olvidado
“Disfruta de las pequeñas cosas, porque un día podrías mirar atrás y darte cuenta de que eran las cosas grandes”. (Robert Brault)
Por Isaac Agüero
El sistema ha sembrado en nosotros un chip sobre cómo es estar realizados en la vida. Vivimos a diario buscando una perfección; sin embargo, nos cuesta comprender que hay pausas en nuestra vida que son necesarias, pues nos traen paz y cambian nuestra perspectiva totalmente.
Los seres humanos somos amantes de recibir; nos encanta todo lo que venga para nuestro beneficio propio. Incluso, vivimos al trote cada día, buscando el modelo de vida perfecto. El afán se convierte en nuestro mayor aliado, tanto así que perdemos el rumbo; llega el cansancio y la queja.
Una persona esclava de todas estas cosas ya mencionadas fácilmente se convierte en una mente reprobada. Muchas veces las cosas no están mal; quizás sí estamos en el lugar indicado, pero no con el pensamiento adecuado.
En una ocasión conversé con alguien y, en medio de aquella plática, noté cómo se quejaba de su vida por algunas comodidades económicas que no se podía dar en el momento, por su trabajo y muchas cosas más. En el aquel instante, escuché todo y simplemente quedé demasiado pensativo. Nos despedimos y, casualmente, dos días después nos encontramos en el bus. Yo iba para la universidad y él, para ese trabajo del que tanto se había quejado.
Se sentó junto a mí y conversábamos en medio del trayecto. Calles antes de bajarme, vi en el semáforo a una familia sentada en el suelo, pidiendo al menos un alimento para comer.
Inmediatamente recordé la conversación que habíamos tenido días antes y, señalándole aquel escenario, le dije:
—Ahí está la respuesta que me reservé hace unos días, cuando conversamos. Sus ojos se pusieron llorosos y me dijo:
—Sí, ya entiendo lo que tratas de decirme.
Hay momentos en los que debemos hacer pausas en nuestra vida y meditar en las grandes cosas que tenemos alrededor. Hay salud, familia, empleo y un techo para dormir. Cuando somos conscientes de aquello que es verdaderamente valioso, nuestra mentalidad cambia; se nos hace más fácil levantarnos día a día con gran ánimo.
Agradecer te lleva a sentir con pasión. Es ese sentimiento ferviente que te impulsa a disfrutar cada momento y así poder ver lo perfecto en lo imperfecto.
Solo analiza por un momento que quizás hoy estás viviendo cosas que anteriormente anhelabas vivir. ¿Ya agradeciste? Si cada cosa de la que te quejas la conviertes en una meta y buscas una razón para agradecer, créeme que todo sería diferente.
Ten presente que hay prioridades y, no, no digo que esté mal querer vivir en un entorno agradable y darse sus lujos, pues para eso sembramos: para poder disfrutar de los frutos. Pero, mientras los frutos llegan, créeme que, si hay algo que te ayudará a tener paciencia, sin duda es agradecer; mirar con orgullo lo que tienes y lo que te rodea; y tener empatía con el que quizás anhela, al menos por un día, tener lo que tú tienes.
Muchos están en clínicas; otros, enlutados; algunos, quizás con el estómago vacío y mojados por la lluvia. Tú estás aquí leyendo esto, con el privilegio de ahora empezar a marcar la diferencia y renovar el pensamiento.
Ahora respóndeme: ¿estás seguro de que no tienes nada por lo cual agradecer?